Playa y arena

Playa y arena
SALUDO INICIAL

jueves, 25 de julio de 2013



LIBRO QUE SALE A LA VENTA

GANADOR DEL SEGUNDO CERTAMEN  CONVOCADO

POR CLUB CERCA DE TI 

PR EDICIONES







El premio es la publicación de un  libro de poemas de no más de
100 páginas en tamaño cuartilla (la mitad de un folio común).
Dos libros de la obra para el autor.
Dicho libro estará a la venta en:  Amazon.es y amazon.com y en nuestra librería: libros interesantes .es
Tendrá su correspondiente campaña publicitaría en buscadores

jueves, 27 de junio de 2013

HOMENAJE A MI MADRE


HOMENAJE A MI MADRE 

MERCEDES GRACIA

(fallecida el 27 de junio del 2013)



Este es mi dolor, vuestro dolor, 
el dolor de todos.

Vivimos separados del misterio, la profundidad y la grandeza de nuestra existencia. Creemos escuchar y no escuchamos, nuestros oídos están cerrados.  Atravesamos las calles semidesiertas del interior de nuestras neuronas, refugios extraños que nos hacen pensar en una pesadilla entre despertares.

Vivimos para morir o quizá la muerte es ese portal del vivir. Veo morir a mucha gente que cree que la vida no merece la pena; veo cómo asesinan a otros por ideas o razones ; veo la vida que se lleva la propia vida. Así llego a la conclusión de que el sentido de ésta,  es la más urgente de las cuestiones. Hay que vivir, se trata de vivir. 

Khalil Gibran dijo: “Mi reino no es de este mundo. Mi reino estará allí donde dos o tres de vosotros os reunáis con amor, y maravillados ante el amor de la vida, y de buen humor, y recordándome.” (Jesús, el hijo del hombre)

Magnífico aquí y ahora… es la carne, regalo nuestro y sólo durante un tiempo. Deberíamos bailar con arrobamiento  por formar parte del cosmos viviente y encarnado.



¡Ay, dolor cuando el alma no está preparada!  ¡Cuando ese ser querido parte de nuestro lado!
Mas el sentido de la muerte, no es la aniquilación... sino la concesión espiritual de una nueva forma o marco para el espíritu.  Estad siempre a su espera, pues ella une el deseo con lo buscado. Grácil forma de encontrarnos sin suspiros y lamentos. 



“Sentada sola, una noche de verano,
los cabellos largos y blancos.
Ambrosía más allá del ingenio
de un universo constituido
que elimina la decrepitud.
¡Ay, muerte que eres mi vida!
Éter sagrado que flota entre salmos.
Ni la furia de tu frío aliento
acabó tu mundanal labor. 
 La esencia que vimos flotar,
se desvaneció por completo.
¿Cómo puede haber deseado
encontrar la tumba
entre los encalados nichos?"


(autora: Ana M. Lorenzo)


Tres gritos de dolor. Sólo tres gritos. Vino al mundo porque era su hora de nacer y se ha ido porque ha llegado la hora de la partida.

 “Quienes aceptan el curso y la secuencia natural de las cosas, y viven de acuerdo con ello, se hallan más allá del gozo y la pena.” (Maestro Zhuang)

Ese día que tanto temimos, por ser el final de todas las cosas, en realidad fue su nuevo nacimiento a una eternidad que le esperaba. Camino que seguiremos en un breve tiempo. Sendero de arrojadas simientes, para que reconozcamos sus pasos.

Adiós y bienvenida, madre. Todo fue como un sueño. Te fuiste llena de amor.

Je vais querir un grand peut-ètre… Tirez le rideau, la farce est joué (Rabelais)
Voy a ir en busca de un gran quizá. Bajad el telón, la función ha terminado.

Ana María Lorenzo



  
LA MADRE



Hay momentos en los que el silencio
es el mejor mensaje.
En los que la cordura no existe
y bendigo la locura que la muerte esconde.
Sin reglas ni principios,
sólo la soledad como cirio.

Años atrás pasaron
cuando poco a poco tuvimos que irnos.
Dejamos a la madre junto a su ventana,
mirando una calle cortada.
Cierzos que agitan los árboles,
río que pasa callando.

Senderos estrechos
conducen a un final esperado.
Momentos pasados
donde la paciencia se escapa
y a otros nos obliga
a mirar al espejo.

Ahora la recobro
sólo con una cachava de diferencia,
un desfile de hijos,
y su amor que partió en silencio.

Gases de lágrimas,
y suelta sus alas.
Date a volar, entre soles de oro.
Gústalo todo porque todo es bello.

Se hace la noche, no te apures…
Numerosas sendas para ti,
primaveras de calma
y a tu lado el padre.

El tiempo y sus momentos.
La madre sigue en su ventana
mirando la perdida acera.
Distraída su quieta mente
en anhelos de esperados pasos,
o a caso no la mira
y sólo ve sus adentros.

Blancos momentos que ciegan.
Viento que lleva el estío caliente
a unos pies andantes
en una vida de rodeos
que la mira sin pestañeo.

Gorrión que escucha sus trinos
tras los visillos y cristales.
Sinfonías que a veces pierde bemoles
y sus corcheas y claves,
ahora, no significan nada.

Cuando trabajó,
blancos lirios eran sus esfuerzos.
Mirada limpia y sin traiciones.
Goces cautelosos
al igual que los cosidos de las ropas
para niños que sin conciencia jugaban.

Atenta en la enfermedad,
en los triunfos y en las penas
de los quereres que salieron de su vientre,
así como del descanso de sus muertos.
Recuerdos e historias
y siempre sus adentros.

Ochenta y nueve años de grises velados,
algunos acentos de ternuras
se le escaparon como hilo
que no encuentra ya la aguja.

Cómo quisiera comprenderla,
conocerla...
cuando la siento igual que antes.
Esperando tras la ventana
la visita de sus hijos.

Bastón que queda solitario
en el paragüero de la entrada.
Duerme y no duerme.
Hablan sus pensamientos:
He vivido, vivo, viviré siempre.

Desperdiciado lugar eterno
de ventanas tapiadas
y cenizas calladas.
¡Qué tristes y fríos 
duermen los cementerios!

Tronco que quedó astillado.
Sepios nuestros corazones.
El alma grita

el canto de sus canciones.






MARIPOSAS SUS PENSAMIENTOS

A mi madre

(Escrito unos meses antes de su fallecimiento)


Me sorprende que tenga en la boca
tanto silencio que le acompaña.
La llevan mis palabras por ascuas sin sentido.
El pan que guarda en el saco
le recuerda el hambre de la posguerra.
¡Ay, madre! ¡Qué lejos y qué cerca te hallo!

La joven de ojos de cierva,
empuja su silla de ruedas
por un jardín que no conoce.
Camino sin retorno.
Me siento y le entono
coplas y baladas.
No escucha.
Su mirada traspasa mi cuerpo.
No soy nada.
Ella vive su ausencia.

El cabello blanco recogido.
En su cuello una cadena de plata,
ennegrecida Virgen de estampa
cuelga en su cansado pecho.
Soledad de su cabeza,
y yo queriendo abrazarla.

He abierto la ventana.
Dejo que el calor se aleje,
olores a pinares entren
y aviven la apagada neurona.
¡Ay, madre! ¡Qué lejos y qué cerca te hallo!

Rosas rojas le traigo,
amor a su canto de mañana.
Pajarillos recién paridos
acunando sin levantar la vista.
Y coloco sobre su regazo
perfumados pétalos por cada hijo
que durmió en sus brazos.

Homenaje que quiero darle,
aunque sus ojos no vean.
Mariposas sus pensamientos
hacen señas en el aire.
Y muy escondido en el alma,
ella lo sabe todo
antes de que yo lo diga.

Asumo de corazón
el balbuceo de sus palabras.
Y ruego al cielo y la tierra
den gran honor
a la que un día fue reina
y madre completa.
¡Aquí va mi rosa en verso, madre!

¡Silencio! ¡Ya duerme!
Dadme la manta.
Quiero cubrirle con ella
y besos llenar la cara.
Enjuta y quieta,
la que fue mujer lozana.
¡Ay, madre! ¡Qué lejos y qué cerca te hallo!

Sosegada, te contaré dormida,
mis aventuras y sueños.
Del mar que se mece contigo,
de las flores que dejo en tus brazos.
Vientre que beso,
entrañas que me llevaron.






http://nuevaurraka.blogspot.com.es/2013/07/el-dolor-de-la-partida-en-la-urraka.html


Revista La Urraka, donde las letras no mueren. Ana Maria Lorenzo publica con nosotros.


Poema que dedica mi amiga Maggie Fuentes a la muerte de mi madre. Gracias, Maggie



domingo, 9 de junio de 2013

MI INFANCIA EN DINAMARCA








POEMAS - 1


LOS POEMAS QUE ESTÁN EN ESTA PÁGINA PERTENECEN A LOS LIBROS SIGUIENTES


Antología poética: “Desde la Rama” (recopilación en dos tomos, de los cinco libros siguientes: Bajo los Algodones, El Baile de la Roca, El Quinto Canto, La Rosa del Azafrán y Perros en la llanura) Registro P.I. 00/2011/3653 - Real Decreto Legislativo 1/1996 de 12 de abril. (Madrid-España) 
ISBN: 978-84-940509-7-8 Depósito Legal C-2299-2012 /Bajo Los Algodones
ISBN: 978-84-941045-1-0 Depósito Legal C-503-2013 / El Baile de la Roca
Caminando sin pies: Registro P.I. 00/2012/3769 - Real Decreto Legislativo 1/1996 de 12 de abril. (Madrid-España)
Lazos, Flores y Cuadrados: Registro P.I. 00/2012/3768 - Real Decreto Legislativo 1/1996 de 12 de abril. (Madrid-España)
Amarrada a Lunas: Registro nº S-217-2012 - Real Decreto Legislativo 1/1996 de 12 de abril. (Santander-España)  ISBN 978-84-15768-37-1 Depósito Legal AB-322-2013
La risa de Dios:  Número de Asiento Registral 10/2013/411 - Zaragoza (Ley de Propiedad Intelectual- Real Decreto Legislativo 1/1996 de 12 de abril)
Turbulencias: Registro P.I. S-184-2013 - Santander Real Decreto Legislativo 1/1996 de 12 de abril. (Madrid-España)
Las voces de Pia - Registro General de la Propiedad Intelectual: Nº de asiento registral 00/2014/419 - Madrid
Poesía y Arte - Registro General de la Propiedad Intelectutal. Nº Asiento registral 00/2014/ - Madrid







RESPETA EL TRABAJO

NO OS ATRIBUYÁIS LO QUE OTROS CREARON
SÉ CREATIVO, SI COPIÁIS ALGO TENÉIS QUE CITAR EL AUTOR DE LA OBRA.
¡GRACIAS!
(INCLUIDO ESTE TEXTO)
ES POR EL BIEN DE TODOS
Código: 0811231640633
Fecha 23-nov-2008 UTC (Club Literario Cerca de ti)


****








FLOR DE PAZ

Oh, contempla al señor del arco infalible.
Razón y sentido común 
que en vuestra memoria mora,
acompañada de decisión.

Que así la Tierra huye del maltratado, 
violada por ladrones e historias.
Ilusión que se va del pueblo, 
donde los ricos labran su fortuna.

Aquí, la guillotina clava al hambre.
Aquí, rompen sus huesos.
Odas de sugerencias y melancolía.
Paz en semillero que no crece.

Nunca, nunca…
¡Oh! Nunca más sobre el pueblo
la miseria teja como araña,
las guerrillas corten la rama.

Patria herida sangrando
en un líquido vaso de tierra.
Más fuerte que el vino recio.
Escondido néctar de unión.

Observa desde la lejanía,
al enemigo que ataca.
En tormenta y miedo enclaustraba.
A ti, a ti… en la boqueada de la muerte.

Donde se junta el valle y el río majestuoso,
vapores veloces suben al cielo.
Ruidosas aguas que empujan
códigos de fraude y la horrible duda.

En cada corazón
el terror sobrevive.
Y a la presa que engullen,
los poderosos temen.

Encendidos sonidos mezclados
no desean sufrimiento alguno.
Comunión entre dirigentes y dirigidos.
Paz y justicia por los caminos del progreso.

Sutilidad elemental con los puños contraídos.
Perfume arrebatador.
Música de la viva hierba y aire.
Quiero estarme quieta… y soy movida.

¡Soy flor de Paz para la Tierra!


LA CARTA

Entre brotes de helecho  
permanecí esperando.
Amor nunca fue tan alto,
como el que venció la mente mía.

Goteante rocío
suspiraba por su roce,
y el corazón hallase preso
con la mano prieta
y la carta como sentencia.

Ver o no ver…
¡Terror que me daba!
Y en la tierra que pisaba,
resbalaban los lentos caracoles.

Salta amor, de rama en rama.
Dolor del color de la arcilla roja.
Así es la carga que llevo
que ni las poleas la sujeta.

Este sueño que tengo,
es bien el soltar.
Y en los montes de lejos,
águilas se esconden
por no verme llorar.

Carta escrita con sangre.
Uñas clavadas en la razón.
Corazón en triste arrebujo.
Aquel sueño, señora;
aquel sueño,
 fue su mentira mayor.
  


DEL AMOR Y EL BESO 

Descalzos sus pies flotan.
Etéreo el suave caminar.
Amores de nieve en frío invierno
para ti, adorable Erato.

Blanca mano atrapa entre sueños.
Capullo ardiente
que acerca su rostro
con los labios entreabiertos.

Quien rige las estrellas,
verá la primavera afanada.
Y ese ósculo sagrado
¡Cuánto habló en un instante!

Reconoce el amor
la vela encendida
junto a una cama tendidos
al son de la cercana lira.

Estrofa de bello prisma,
rompe el aire y el suspiro;
atraviesa los rincones.
El seso roba el corazón dormido.

Corre…corre…
Ya abre la boca.
Los labios son peonias de calentura.
¡Erato juega con el romance!

Ruborosa roba el beso
mientras remolinos de deseos
hacen del cuerpo agua,
de la caricia fuego y ansia.

                                                   


 DEBAJO DEL PUENTE

Debajo del puente,
saltan truchas sobre el agua.

El alma vacila y fluye,
observa alzados límites
y las gaviotas vuelan.

Se desborda amor. Amanece.
El cielo de rojo se tiñe.
El corazón en el pecho palpita.
¡Todo se deforma tan rápido!
que duele el calor sin tu abrazo.
Y la respiración se agita.

Debajo del puente,
saltan truchas sobre el agua.

Codiciosa de ver tu hermosura,
desde la cumbre airosa
baja una fontana pura.
Entre el herbazal lozano,
escondidas flores aparecen
y cubren la piel desnuda.

¡Ay, celeste vellón de oro!
Tenga su tesoro contemplado,
que al no ser mío, lloro.

Debajo del puente,
saltan truchas sobre el agua.

              

 DE LAS NUBES DEL AMOR

Cual nube se transfigura.
Constante anhelo del sueño.
La flor se sostiene entre sus muslos.
Húmedo su olor.
Fragancia de lo sublime.

Permíteme tocarte.
Jurar mi amor entre tus pechos.
¡Oh, desmayo dichoso!
¡Dulcísima armonía!
¿Qué más amor puedo ofrecerte?

Suene de continuo
cantos a nuestros oídos
que vistan de hermosura
los amorosos sentidos,
lo demás, quede adormecido.

Provocadora sonrisa estremece
vestida con traje de boda.
Seas nube de gasa envuelta,
la cara ardiente, la garganta seca.
Bengalas al viento con gotas de agua.             



DE LAS MURMURACIONES


Las murmuraciones crecen
como malas hierbas en la tierra.
Tú, que te has unido a ellas,
¡Hija del sentimiento! ¡Qué gran dolor!

El corazón, en la soberbia;
en la ira, el ansia no cumplida.
El puñal blandes
con la hendida diestra.

Otros pueden olvidarte.
Yo, fantasma por ti vuelvo.
Sin esposo a tu lado,
sombra eres que pasa flotando.

¡No sonrías!
Respeto al doliente
que yace sepultado
por darte el amor que sentía.

Yo te busco, voces oigo.
Murmullos de gentes.
Altiva matrona,
verdugo de sentimientos puros.

No cabe rayo fiero,
ni espada de doble filo
sujetando tu lengua.
¡Malsano pico de urraca!

Mas enmudezcas por castigo,
en las sombras de la noche.
Hollada la sucia boca,
mirando la menguante Luna.

¡Ay, Dios!
El amor se ha tornado,
agua profunda. 



VETADA ESPERA

Muertos los jardines se asoman.
Tocas se las lleva el viento.
En el camino sonrisa veo,

graciosa novicia de blanco.

Jugoso cesto de la huerta.
¡Ay, que andares tan perfectos!
¡Cuánto querer siento por ella!
¡Perdona, Dios, este ardor impuro!

Esperando el amor en el claustro
entre los agrietados muros,
recobraría su color más virgen
con cada beso que le diera.

¡Ay, hermana! ¡Que por vos suspiro!
Al pie de los frutales se encuentran,
aves rapiñeras de desmán oscuro
que cortan las alas del tacto vuestro.

Sobre el laberinto de mi piel
arden los deseos más insanos,
tentaciones del alegre infierno.
Castigo que espero del cielo.

Mirad que soy monja atribulada.
Mis días marchitan como hojas vacías
esperando el amor de mi novicia,
el alma contraída de dolor.

Venid hacia mí por escaleras silenciosas.
Dejad que quite el blando oleaje
de nuestros hábitos y el cabello suelte.
Brisa de ramaje en sus brazos. Soy suya.

Adormezco el sol en su regazo.
Que el coro cante la dulce espera.
Maitines suenen de primavera
y el rezo del rosario sean flores.

Que yo sé que Dios bendice este cilicio.
Que mis lágrimas por vos ruedan,
que el amor tiene mil nombres
y vuestra mirada, la más bella.




ROSAS QUE PALIDECEN

Te vi llegar
con las manos entrelazadas
a la espalda.

Haciendo de tu pecho,
graves colinas, pero leves
como piedras de lava.

Hay lugar para las dos.
Sitio donde dormir.
El sueño y tu alma,
trenzan lazos de fuego.
Yo te conozco.

Vienes de lejos.
Toma mi cama,
que yo dormiré en la silla.
Kilómetros has tardado,
en anchos y en largos caminos.
¡Qué palidez la de tu rosa!
¡Cuánto dolor veo en tu alma!
¡Cuán llagados los pies
sin zapatos!

Un colchón de hojas,
no más puedo ofrecer,
salvo el sonido del viento
en el crujir de cada muelle.

Corona y fecundo paraíso espera,
eso dicen al acumular el tiempo.
¡Ay, amiga mía!
¡Yo también me convertí en viajera
que parte libre de equipaje,
y me vuelvo ligera!

Te digo,
que como tú has cumplido,
yo ya justifiqué el pasado.
Sepultada bajo el torrente,
altiva música de mi alma
en sonidos de tormenta.

He pensado en el ser supremo.
Creo verlo en los amaneceres,
entre prados de hierba verde
que señalan oculto recorrido.

Y le oigo gritar:
¡Oh, amadas!
¡Ningún vencedor os ha destruido!
Y me muestra esa noche
ni oscura ni clara,
voces de vida.

Y al igual que dejaste de amar
las imágenes y las palabras vanas,
así yo me he alejado,
de los agujeros que me hundieron,
de los sueños robados,
de las frágiles cáscaras de apariencias
que el aire las mueve
con un frío rumor vacío.

Bebe, amiga mía,
de este caldo que te ofrezco.
Repón ese cansancio yerto.
Deja que alivie tus rodillas
con paños calientes
de arcilla, harpagofito,
fresno y romero.

Y aunque no digas nada,
leo en tu mirada.
Pupilas que me muestran
los inmensos horizontes
por los que has cruzado.

Tierra adentro, lejos del mar.
Fragor abrupto de los trenes
llenos de secretos de almas.
Vagón que nos espera.

¡Ay, amiga mía!
Poetas hemos sido
y cantos dejamos
con nuestras plumas y labios!
Gritos de pájaros nocturnos
envuelven la casa.
Saben que hay dos cuerpos
porosos y livianos
prestos a volar con sus alas.

Y ella habló:
“He vuelto a morir”
Y yo contesté:
“Mi rosa duerme”.






PLAÑIDERA

Todo sabía a repetición.

Podía ser un discurso formidable


o una solemne majadería.

¿Sabría acaso esa plañidera

de la integridad del difunto?


Ahí estaba ante su tumba,

quejándose y lamentándose,

como si de un familiar se tratara.

Lloriqueando,  parloteando

ajena a mi presencia.


“… y los miserables,

vamos a lo nuestro.

Que siempre es azacanear y trabajar

de malas maneras

por llevar algo a la boca.”


Se sorbía los mocos,

se restregaba la cara

con el brazo de la manga.

¡Impecable representación!

Y proseguía con la cháchara,

hablando al muerto:


“La vida no trae consuelo alguno.

Siempre sola.

Recorriendo cementerios.

Cargada de hijos

y con la casa

y un marido que no alcanza,

al que tienes que cuidar

y hacer de amante…”


Retrajo la barbilla, bufó,

como animal herido.

Dejó arrastrar unas lagrimillas.

Olisqueó el aire matinal

y reunió fuerzas para marcharse.


Ya en pie,

sacudió su corpachón.

Sacó un reloj de bolsillo.

Miró la hora.

Hizo sus cuentas.

Echó andar y desapareció

entre el resto de las tumbas.


Me quedé en silencio, tan en silencio…

como los nichos que rodeaban.

Respiré profundamente.

Una última mirada.


Imágenes erguidas entre el cielo y la tierra.

Piedras muertas de canto fino y vago.

También estos podían ser

una inhumanidad civilizada.



NATURALEZA SACRALIZADA

Séanos permitido,
la veneración de la naturaleza
aliada del pandemonismo
de muy sui generis
exigencia.

Séanos permitida,
una magia desarrollada.
Organizar cultos superiores
si las necesidades colectivas
lo permiten.

Séanos permitido,
suprimir lo que no sirva.
Reemplazar
por creencias poderosas,
que no ser sólo cristianas,
sino del gran reino
de la magia.

Y así, séanos permitido
introducir elementos nuevos.
Conservar rituales del pasado
para satisfacción de carencias
familiares y sociales.

Naturaleza sacralizada.
Obra sagrada de respeto
para el hombre.
Se ha dado el primer paso.





TURBULENCIAS

I
Con turbulencias yacía
y tan sola se encontraba
que el dolor le sustentaba
ante enlace que rompía.
Punta de amor le decía,
helada flor hasta viejos.
Al expresar el alma su yo,
surgen auroras sonriendo;
tiara de flores cayendo
en los cabellos dejó.
II
Naciste dentro del siete.
Después de lunas de  siglos.
En fuentes claras de signos,
te muestro los componentes.
Que todo es de la vil mente.
Flores te di en lo profundo.
Espinas llevo del mundo.
Busca ese amor que perdiste.
ya en ti la semilla existe,
césped de día fecundo.
III
El tiempo nos arrebata
la vida cada segundo.
Luces entrego a este mundo
de la ignorancia que ata.
Y queda por insensato.
quien al rayo no lo atrapa.
Y no ve que el cielo escampa,
y en otra nueva venida,
otra corona traída
de la que el planeta escapa.
IV
Ya no me verás contigo,
mas no serás olvidada,
tendrás en las madrugadas
mi espíritu como abrigo.
Busca al que estuvo contigo.
Me lo dice tu mirada
con dulces ojos de amada.
Dejo pues tus madrigales,
corazón que me los pides,
Fe que te doy por nada.


INFANCIA

Cabalgando por la historia
son recuerdos del pulgar.
Dulce lejano lugar
de frescura como gloria,
 viene fiel a mi memoria.
Conciencia, tranquilidad,
 risas de felicidad.
Los campos de nieve blanca.
¡ Dinamarca, bella y franca!
Carreras y actividad.

Días se fueron sin remos.
Aves perdieron su nido.
Anclas alzaron con ruido.
Dolor que todos tememos
ante la niebla que vemos.
Personas del todo extrañas,
roto sueño en las entrañas.
Diablos quitaron las risas
con el rezo de las Misas
de las piadosas arañas.

Y así, esa infancia triste,
donde los juegos quedaron
en pajarillos que piaron
con uniformes de chiste,
dando de comer alpiste.
Encogida, supliqué.
A saltos, gritos callé.
Las primaveras robadas,
entre espinosas rosadas.
Mata florida lloré.

Selvas tengo en la niñez.
El árbol de grueso libro
lo estudio y lo desfibro
con gusto y cierta acidez
que oculta timidez.
Mas dentro del corazón
las flores de la razón.
Nubes de amor en los labios,
millones de besos sabios
guardaba en el abazón.


VERANO

Mis codos descansan entre brasas.
Bocanadas de calores que asfixian.
Amarillento sol en la lejanía. 
Reverbera el suelo junto a las casas,
en el asfalto derruido queman las huellas.
Flechas del sur que llegan.
Ni un alma por la ciudad camina.
Hasta las flores pierden sus aromas
en un rastro de crujientes pétalos.
El río vi corriendo
entre agostadas huertas, 
secos los largos olmos.
¡Qué ácida la tierra entre los dedos!
Abrasados los campos sin cosecha.
¡Oh, verano aciago! 
Hundido en arenas de rojizo fuego.
¡Silencio… el milano
grazna en las alturas!.
Tiene sed de vapores escondidos
tras un cielo de paja.




LA CURVA DE MI POESÍA

“¡Toma!,  enrolló en su cuello
un cinto de seda blanco.
Se abandonó a la muerte
y dulcemente le siguió. “

Bajo el pulso de cada letra
yace el recuerdo de criaturas y sueños;
historias,  loas que se hunden
en la curva del poema.

Nunca he sido dueña de mis versos.
Extrañas sombras de luz los guían,
y saben tirar de mis dedos
como títeres con cuerdas.

Emborrachada de vida,
lenta absorbo las palabras
para plasmarlas en papeles,
gritos emergentes de amadores.

Con olor a necios flacos,
aquellos que odian el verso.
Crueles prendieran  fuego
y quemaran iluminadas siglas.

Y si me cortaran las manos,
seguro que cantaría,
al igual que trovadora manca,
versos saldrían de mi boca.

Solazada de miel de los tiempos
parábolas, narraciones y cuentos.
Más si me sajaran la lengua,
dosel de carne sin lecho.

Muerta parece que quedo
sin pulso y voz quebrada.
Sólo el oído y el ojo,
vieran y escucharan con descaro.

El amor a la poesía encontraran
en las calas junto a mi tumba;
la risa de Dios en sus oídos,
afinando sus pobres sentidos.




SENSIBLE DISTANCIA

Mil gracias derramo
como gotas de rocío.
Mil olas rompiendo
en las costas cántabras.
Y una dulce canción se oye,
entre el ocre y oro de la playa.

El mar despistado aleja sus olas;

el horizonte marcando.
A los cielos mi frente levanto
y las nubes se esconden.
Caprichos de los vientos
para traer aromas lejanos.

¿Eres tú el que navega
enfrentando huracanes?
Sueños son los que se esconden
desde lo profundo de un mirar sesgado.
Fulminante e impío bardo,
de mente y corazón blando.

¿Qué tal si en un caminar de aguas
llegara hasta tu abatido barco,
esa dama en rosas transformada,
ámbar de flores talladas
y cadenas de estrellas en sus manos?
¿Te volteara el corazón al verla?

O ante ti se mostrara,
adoradora de becerros y serpientes.
Codicia de los mares desiertos
y de los corazones sin llama.
¡Oh, dulces prendas conjuradas
que no conocéis su fuerza!

Un muro alzó el mar a las frágiles arenas
que no permite cultivar claveles
y sí recoger caracolas de poemas.
Jardín extraño de espejismos
donde recojo tu alma
y guardo en caja de espumas.



AMARRADA A LUNAS

Amarrada a Lunas
no pongo los pies en el suelo.
Suave ademán de cerradura abierta
con el corazón viudo y cansado.

Mi alma errante se enreda en ti Luna,
y hay otra Luna que camina debajo.
Lanza hilos de araña.
Me enzarza como hiedra blanca.

Muestro heridas en el espejo de mi pecho
y echan sal en la llaga abierta.
Con los cuernos de lunas me balanceo ciega.
No quiero ver lo que mis ojos niegan.

Y no sé si sabré coser
con telas de viuda negra mi cuerpo.
Estática, de pie,
 y sin mover un párpado
me vuelvo estatua de sal y hierro.

Zurcido inmenso de mitos fuera.
El murmurar morboso, muerde los cráteres.
Verted vuestros tintes albinos
sobre esta piel de doliente ocaso.

Si miro hacia atrás.
Solitaria con vosotras ando.
Busco claros de plata
en la máscara nocturna.

Pensamientos y cabellos al viento.
Discretas sombras de lunas viejas
que juegan con el tiempo y conmigo;
amarres antiguos y flechas.

¡Cómo suena dulce el hechizo!
Nada ha cambiado.
Siempre vuelvo a la atadura,
con flores de húmedo destello.

Y lejos,  gatos frioleros,
maúllan sobre los tejados.


MAÑANA AZUL

Ya me abandonaste, pequeña.
¡Vuelve a mí, niña perdida!
Voz que suena hueca y profunda,
cayendo en las honduras.

No indagues, alma mía,
en qué piensa la extraviada mente,
pues veo ángeles en las alturas,
trompetas que anuncian el día.

La mañana será  azul.
El sol iluminará los versos.
Despojada de ligaduras;
abierta luz de mi memoria.

Declina sus rayos
ante la oscuridad que aparece.
Llaves brillantes
que abren las puertas.

Infinito que se muestra
tras las torres de mi tierra.
Sendero que cruza el aire
en abultadas nubes.

Aún fatigada de tal suerte,
vuele mi empeño por la esperanza,
calma dormida creyendo en la vida
y no se atreviera la muerte.

Cual hija del mar,
me oculto entre las espumas;
allá entre brumas
de una  ignorada orilla.

Humedecer los pies
entre olas de color de rosa.
Soñar con ser  hora cálida
de pequeña vida que rebosa.

Ya oigo el clamor de la tierra,
pero más brillo veo en el radiante cielo.
Abovedado manto que mis ojos miran.
¡Oh, silencio… silencio de estrellas!

Eco de armonioso canto
en las regiones puras,
despojada por siempre
de temores y amarguras.


FLOR SALVAJE  
(Sobre la sexualidad en la discapacidad)

Pasaste junto a  mi lado,
ese leve roce en el brazo,
me abrió  la mente al deseo.
Virtual y real sexo incontrolado
en un cuerpo de insensible hielo.

Sólo la cabeza manda
esos orgasmos que tengo
cuando me rodeas con tus brazos,
cuando posas tus labios en los míos.

Y te siento tan intensa
y tan intenso es mi anhelo,
que me pierdo en tu boca,
con tu lengua atrapada.

¡Qué sentir de arabescos
entrelazados en nuestros cuerpos!
Te siento tan mía,
me siento tan tuya…

Aunque te muevas,
aunque luego te vayas
y yo prisionera me quede
de esta silla de ruedas.

¡Pero qué bella me siento,
cuando me doy cuenta
del fervor y pasión que tienes,
acariciando hasta la rueda!

 Sensibilidad  limitada,
que a la cabeza llega,
 corrientes eléctricas
 recuerdan mi viveza.

Fuego soy y amor a tu lado.
Alma que se funde sin remedio.
Hasta lo más íntimo de las entrañas
me tienes prendida.

Me deshago como las olas
que besan las orillas de arenas.
Para volver otra vez a romperse,
en los aromas de nuestros besos.

Como barco que pasea
por mares exaltados de locuras,
soy tuya…  y sigo siendo tuya…
y por siempre tuya…

Flor salvaje, apasionada, febril…
Gozo de diosa
en bronco caballo de acero.



MARGARITAS NOCTURNAS

Tímidas las margaritas,
se abren como estrellas
de lechosa y cegadora luz,
las pupilas de amarillo.

En oscura noche,
Luna llena,
giran caricias y miradas
para deshojar el pecho
y en largas hileras,
cruzar la espalda.

Tapizan
distintas direcciones.
Parten, tocan, transitan;
retroceden palmo a palmo,
esperan que sus pétalos
sean arrancados.

Roces de piel
que gimen con la aurora.
Quietas… aguardan.


DESDE EL MOLINO DEL MERCADILLO
A LOPE DE VEGA


Este molino de Liérganes,
el más importante de la comarca,
señero y orgullo en la mies,
tiene un amplio altillo
donde se oyen pasos
y trajines matinales.

Alguien canta y asea las habitaciones.
Una sosegada  anciana,
acomodada en mecedora de mimbre,
teje su calceta junto al lar

A pocos pasos la endeble niña,
escucha leyendas que le cuenta
sobre el hombre pez
absorbido por las aguas;
profunda y succionadora risa hacia dentro
que Dios hace cuando
quiere digerir la inocencia.
Honor, gloria… loa celestial
de tan elevado y sutil gesto.

De soslayo, mientras escucha,
la joven observa
cómo sale la harina amarillenta
desde el estrangol
hasta el capacho de bañías.
Hondo , destellante…
a medio colmar.

Fuera, árboles densos y centenarios.
Eucaliptos, robles y tejos
huyen por las orillas del Miera.
El valle linda con las montañas
Que forman grotescas imágenes
como la llamadas Tetas de Liérganes
y el río no tiene otra salida,
que la bajada a la mar.

Lado norteño donde el Cantábrico suena
sobre las cumbres y tras ellas,
 cuando galernas enfurecen las playas
y las arenas vuelan como amantes
del viento que rola devastador
cual viajero del Norte.

A lo largo de la serranía
verde, llana y misteriosa,
los pueblecillos se estiran
de Pamames a Saron…
y afluentes de caminos
se comunican entre sí,
con ajetreado trasiego.

Carreteras serpenteantes
orilladas por las frondas
que parecen cubrirlas,
hasta llegar a Vega de Villafufre.

Planicies y colinas verdes,
acogedoras villas,
casas indianas y pasiegas
soberanía de palacios
como el de Soñanes en Villacarriero.

Tímido y ecléctico,
fundamentalmente barroco,
construido a comienzos del siglo XVIII.
Tierras donde viviera y se inspirase
el gran Lope de Vega.


BECERROS

Las miradas más profundas
son las que no tienen fondo,
aquellas en las cuales descubrimos
hasta las más pequeñas humanidades.

A Dios se le cayó un diente 
cuando observó harto de risa,
a los adoradores de becerros. 

Tan viejos, tan viejos…
caminan en el tiempo,
que más que becerros 

son mansos bueyes.

No hay brillantes que reflejen la luz
como las lágrimas;
cosa que los cabestros de este tiempo,
carecen de ellas al no tener ojos
más que para el brillo
del poder y del dinero. 

Entre espinas han brotado,
las flores más bellas 
de este mundo. 
Membranas de nuestro organismo,
absortas en ideas fijas
para salvarse de las garras 
del ternero “embueyecido”. 

Mas con sutiles trenzados, 
atrapados servimos de alimento
a esas masas cárnicas
que pacen por los suelos
como gigantescas ratas.

Espantos del endurecimiento.
Transformación de la suma miseria
Atados seductores.
Estatuas de sal oscura
que viven en sombríos pozos.
¡Becerros de Oro!





PERDIDA

Llamo desde mi eternidad
con murmullos de otro,
a quien sepa
dónde se perdió mi infancia,
dónde mis lágrimas quedaron
con cada sonrisa de tiempo descuidado.

Ojos de penas sin expresarlas.
Escondida está mi voz
bajo el barro humano;
silentes son mis pasos
en las transparentes noches.

Reloj que llevo en el pecho
sin cuerda ni maquinaria.
Pocas alegrías
de las hojas caídas.

Primaveras sin fondo,
horizontes de simples campos.


  EL ARTISTA
(al pintor J. Mena)

Importa poco
el no poder verle.
Mas bien diría
que jamás llegué a conocerle.
Cuatro palabras en un chat
y las obras que veía.

Sus años de lucha
para dominar tal arte,
pudieron ser de monotonía
o de gozos y delirios
propios de los artistas.

No sé si hubiera nada interesante
en los trabajos que hiciera
para ganarse la vida
de pellejo y hueso
acompañado por la bebida.

No creo que nada de ello,
influyera en su carácter.
Debió de adquirir experiencia
a base de carcajadas,
que mas que de las tripas,
 de sus disparates salieran.

Noches embadurnadas de colores.
Cocaínas bajadas de los cielos
que al amanecer vomitaba en pinceles,
emborronando los lienzos
con genialidades marcadas.
Remolinos de su subconsciente
que se fijaban en el más allá o más acá.

Abundante material pudo adquirir
en ese París moderno,
que de grises nubes y pájaros oscuros
seguían la curva de los puentes del Sena.
Poco se sabe de aquellos tiempos.
Permaneció indiferente
como si nada le causara impresión.

¿A caso tuviera demasiada edad
para caer en el amarre del romanticismo
que corría por las calles
de un París que nadaba en arte?
He de suponer que cayera en el contagio
de aquellos días con supuestos amores,
olvidados o quizá no.

Para comprender  el Romanticismo de la vida,
hay que ser un poco actor,
cómico de la risa divina
que hace salirse de sí mismo
y con lupa pulida,
observar las propias acciones
con el mismo interés del científico,
absorto y maravillado.

Es lamentable para mí,
el observar su escenario,
y hacer sólo conjeturas
de un ser ante su obra
en el rebote mayor del trazo
en  la peligrosa tela.

Jamás vi, ni en visión esfumada,
cómo hacía frente a sus fracasos.
Si animosamente o con desesperación.
Perseverando tercamente,
a pesar de sus dudas,
crueles enemigos de los artistas.

El secreto de sus luchas,
los guardó para sí mismo.
Y si en la soledad de su taller
lidiaba desesperadamente,
jamás dejó que nadie viera sus demonios,
ni adivinara sus congojas.

Anoche mismo se fue,
entre las sucias sábanas de la cama.
Encogido como bestia temerosa
      y rodeado de sus cuadros.  


Obra de J.Mena
                                            


        
EN MI SOLEDAD

Alfombra de silencio,
soledad que llevo dentro.
Altas troneras ciegas
donde veo cirios por cielos.
Mariposa que voló hacia el mar
ahogándose en sus aguas.
Pinto su recuerdo en lienzos,
ornamento las estancias.
Paredes cantan sus alegrías
en contraste con mis penas.
Transparentes uno fuimos.
Espíritu y materia juntos.
Sonrisas divinas que amargan
con escultura de muerte seca.
Amor que se quebró.
Torcido y escaso el corazón.
Ahora en mi interior,
preciada carga ligera
de ese duplicado uno,
convertido en cero.



 Pintor: J. Mena  



OJOS GRISES

Ojos grises,
como el frío hielo.
Si mirar hicisteis
con dulce soslayo.
¿Por qué os volvéis irritado?
Un no despertado sueño,
libre con vos quiero.
No con campanas de piedra,
badajo con el que oigáis
mi llanto.
Ojos grises…
Ojos de llamas fieros.
Arder sin consumirme
dentro de vos deseo.




AMOR

Me deleito en la mágica fuerza
que de sus manos baja.
Con alado de salmos bellos,
amor entregado
al cálido roce
de transparentes mares.

Humanos duermen en sus orillas.
Semifusas celestes entonan
 su amor de risas.
Erguido sentimiento
en calurosos abrazos.

Caminan amantes
en azuladas aguas
cual espíritu reflejado
de su bella imagen.

Llama divina
que se alza en vuelo.
Paloma blanca,
fogosa, tierna y venturosa.
Espíritu sagrado
que no necesita disfraz.

Danza sin control
y con deseo.
Yo soy suya,
ave virtuosa
de blanca sencillez.



Pintor: J. Mena  



VIDA SIN BRILLO

Tras mi destino grazna un cuervo.
Hay lobos que acechan  en el camino.
De sus corazones infecta linfa
sale disfrazada de mosca.

Lucho tras muros de jazmín,
mientras carroñeros
se apoderan de  cementerios.
La luz pura es penumbra.

Estoy triste y cansada.
Abrazo a mi amado
y lo siento escurrir
como río que deja de fluir.

Sus dulces palabras intensas
son débiles y pasajeras,
hijas de vientos que se las llevan.
Tristes flores pisoteadas.

El polvo cubre la casa.
La alcoba quieta y fría.
Te fuiste, amado mío.
La vida no tiene brillo.



ELEGÍA

Dicen que me casé yo.
Que cumplí tus deseos.
Que te di mil alegrías.
Mas guarda tus armas, traidora.
Quita tus manos de encima.
Que sé por dinero viniste,
y amantes retozan en nuestro lecho.
Si pensante que te amaba,
cierto es cuando te vi
en El Bosquete de las Rocallas
del palacio de Versalles.
Cortesía esperaba al amarte,
más vi que sólo deseabas
enterrar mis huesos,
anhelos de que mi pobre carne
fuera pronto pasto de gusanos.
Haz tus pies ligeros,
y sal de esta casa
y como si no estuviera,
reza un miserere,
antes de que yo pague
un requiescat in pace
por tu mezquino cuerpo. 


ATRONADORA RISA

Inconsciente se acordaba
de las voces ásperas que chillaban
y pregonaban con desatino
que los judíos se comían
a los bebés vivos;
que cortaban los pechos a sus mujeres,
les trituraban los huesos,
follaban los huecos de los ojos
para acabar bebiendo su sangre.

La Jidah había empezado.
Una Guerra Santa para acabar
con todas las guerras.
Infieles atacados y expulsados.

¡Partid enseguida!
¡Volved con fuerzas victoriosas
para recuperar vuestros hogares,
para confiscar todo cuanto los sionistas
hayan acumulado!

Millares de ellos,
entre lágrimas y voces,
oyeron y creyeron.
Corrieron despavoridos
con sus escasas pertenencias.

Se pisoteaban y aplastaban
los unos a los otros.
Apelotonados avanzaban
hacia Siria, el Líbano y Gaza.
Entraban a Jordania a raudales.

Ingentes cantidades de peso,
cruzaban por el puente de Allenby
que abarquilló bajo su lastre.

¿Qué hicieron por ellos
sus hermanos árabes?
Lazos familiares les unían…
y construyeron campos
cual prisiones cerradas.

Y los dirigentes gozaban
en bellas tiendas de campaña.
Paraísos creían que iban a caer.
Judíos muertos,
y un sinfín de doncellas
a las que podrían violar.

Jeringado juego el de la política.
Arrugada vieja que sentada en el lodo
muele garbanzos en su escudilla.

Los privilegiados con estudios
se establecen con premura.
Los pobres, retrasados y enfermos,
habitan en los campos
como animales de corral,
reproduciéndose como tales.

Miserables laureles de la victoria.
¿Esa es tu atronadora risa, oh Yahvé?





AIRES PROVINCIALES


¡Qué dulce la grata 

sombra del platanero!

Sus ramas se entremezclan

formando tejados verdes

donde descansan las avecillas.



Aires provinciales que traen

recuerdos de esa infancia

que jugaba entre las calles,

y con el toque del Ángelus,

el rezo de mi alma.



Y en la plaza suelos de arena,

rodeada por casas sobrias de piedra,

paredes donde se apoyaban 

los ancianos con sus largas pipas.



Y pasaba el cartero 

en su vieja bicicleta

que resonaba con chirridos

a vuelta de pedal y ruedas.



Y por allí el afilador, 

con agudísimos tonos.

Y las mujeres en delantal

corrían con sus cuchillos y tijeras.



Y ya llegaba el domingo,

con nuestras mejores galas 

escuchando el sermón 

de Don Marcelo,

en una iglesia abarrotada

de santonas con mantillas

que se miraban de reojo. 



Y desde el Kiosco

sonaban los pobres instrumentos

de los músicos del pueblo. 

Melodías sencillas, 

intimas y plenas

como los corazones 

de los que escuchaban.









IRONÍA DE LO INALCANZABLE

¿Por qué si lo que andas buscando
no existe en ninguna parte,
insistes en hallarlo?
Bien pesando,
todas las cosas compuestas
se desintegran.
Mejor pule tu espejo.
Sí, ese que tienes en el corazón.
Siempre quedará un reflejo.
¿No es irónico que quieras
lo inalcanzable?
No eres Dios.
¿Y quién es Dios?
Uhhhhh…. ¡ya empezamos!
¡Esta rueda nunca se desintegra!

¡No es compuesta!



SALTOS DE AJEDREZ

¡Oh, queridos amigos míos!
¡Cuán sagaces sois!
Os movéis como piezas de ajedrez.
Sirvientes de las reglas.
Cada uno en su casilla.
Cuadraditos que os marcan direcciones.
Cual peones vais de salto en salto
dejando que os den tortazos,
trabajando para otros.

Y con mayor categoría
todos los de la segunda línea.
Piezas con medias de seda
que piensan se les harán agujeros
si se ponen de rodillas.

¡Oh, queridos amigos míos!
La lucha se enciende con furia
en vuestros corazones.
Ese ajedrez que tanto adoráis,
tiene por finalidad
el hecho de que aprendáis a pensar.

Que no es cuestión de estatus y posiciones.
La lucha es saber avanzar
sin importar quién es
el que va a ganar.
Vendrá un futuro no muy  lejano
donde el hombre se hará exigente.
Valores que dará a su trabajo y tiempo,
con el alimento que da a su mente.

¡Oh, queridos amigos míos!
Necesitareis estructuras sistemáticas
para  retener en la Gran Neurona
todo aquello que os llame la atención.

Las piececitas tienen que pensar por sí mismas,
o vendrá el ogro  y se las comerá.



INDIGESTA GLOTONERÍA

Muchas gracias,
los bollos son increíblemente buenos.
Ahora tendré que comer ensalada
durante un par de semanas.

Se dio unas palmaditas en la tripa.
Le recordó que a partir de los cuarenta,
lo único que crecía era la cintura.
Algo que debía de tener en cuenta.

Se levantó de la silla de la cocina.
Tuvo que sentarse de inmediato.
Parecía como si tuviese una tonelada
de hormigón en el estómago.

Concluyó que no había sido sensato
atiborrarse de tantos dulces.
Intentó cruzar la sala.
Los ojos se le cerraban.

Un millar de enanos relucían
y despedían destellos a su paso.
El pasillo se hizo eterno.
La salida a cámara lenta.

Una mujer de hierro,
le franqueó la puerta.
Único testigo del atracón 
que se había dado.
Se sintió avergonzado.

Fue fantástico salir y respirar el aire.
Alivio que le dio a su mareo. 
¡Despierta cabeza insana
antes de que por la boca
salgan tus tragaderas!

Y aquella mole de mujer
le colocó una bolsa en la mano
abarrotada toda ella de bollos y un enano.
¡Qué castigo era ese!

Con la mano en el estómago,
lanzó un hondo lamento.




LA BODA

Solicito silencio
para que se crucen las gasas,
para que el amor se disuelva
entre deslizados tules.
¡Dancemos…!
¡Bebamos todos!
¡Brindemos en esta boda!

Domitia de blanco.
Jazmines cubren sus promesas.
Radiantes sus pupilas se funden.
Pureza de aurora
asientan sus abrazos. 

¡Qué desdicha de repente!
Las mesas vacías.
El coro callado.
La dama tendida
en el mármol del suelo.

Grita el amor en desconsuelo.
Carcoma voraz la deja sola.
Allí pone su boca en su boca,
que fría y cerrada
ya no suspira.

Esquiva y veloz cruza la Parca.
Trémula succión.
Insuficiencia de la carne.
Y cubre con níveos telares
los hablares de la muerte.

Lágrimas reclaman a un cielo
con el vaho de la exudación
que el dolor siente
contra esa letra de amor,
contra aquella aniquiladora luz
transformadora de cenizas.

Silencioso llorado.
Besado el terso párpado.
El pecho triste.
Roto corazón sin vida.
¡Por qué, por qué… Dios,
yo vivo, vivo, vivo…
y no muero con ella!

A lo lejos, hay un chorro de música
irritante y doliente,
disgregando las burbujas 
del vidrio de las copas. 

Risa mordaz,
mientras crujen los dedos.



UN INSTANTE

Hojas brillan como el Sol.
Desde la flor de la lenteja de agua,
el colibrí salta y pasea
bebiendo  los néctares de las flores.
Ecos vienen de algún lugar.
Y lentos mantras de lo alto,
con golpes de varas,
 rezan letanías.
Y todos los sentidos
se hallan despiertos a la alegría.
Tan profunda energía removida,
que en el breve tiempo
de un cansado soplido,
llamaran a los mortales a gozar
de eso que llaman felicidad. 






SOBRE EL LEER

Me preguntas qué es lo bueno de leer.
Yo respondo,
 la importancia de mover un dedo.
Por un lado a lo largo de la palabra,
por el otro, con el giro de la página.
Dignidad en todo ello,
y más aún en cada sílaba, cada frase
que remueven los mismos movimientos
del cerebro.
Acto que hicieran los Césares y escribanos.
No es más distante,
ese elegante movimiento,
que aquél que escribió
con pluma de ganso
o trabajó las siglas en la piedra.
Y aunque todo parezca diferente,
todo continua de igual forma.
La curiosidad y afán del saber
siguen el mismo idioma.
Así ha sido, es y serán
desde el ayer a la eternidad.
En cada escrito,
un persistente lector
que moja el dedo en la boca
y pasa la hoja o aprieta la tecla.


 PREGUNTAS

Estuve paseando con mi amiga por la huerta.
Atardecer de geranios rojos destellaban
como puertas de heridas mal curadas.

 Al pronto, saltó un gato.
Ella alzó la mano para saludar al vecino.
Un caballo relinchaba.
La cosecha despuntaba.

Eso fue hace tiempo.
Tanto que hoy no existe el huerto,
ni ninguno de ellos.
El gato, la amiga y su mano,
el vecino y el relincho del caballo.

¿Dónde está todo ello?
¿Ese frágil momento
marcado por la línea roja
de un atardecer de geranios?

Pregunta que hago con curiosa aceptación
en el declinar de mi vida.



FINAL DE UNA VIDA

Cayó su edad en años de cosechas.
La abundancia se hacía eco en el mundo.
No había terremotos, ni sequias o inundaciones.
Las estaciones transcurrían con firmeza.
En los lejanos países,
no había guerras, ni revoluciones.
Años de descanso para la tierra.
Y habían valores que crecían entre las gentes.
Era triste decir adiós
a un mundo tan sereno.
Sabía que su memoria perecería,
al igual que su cuerpo en cenizas.
Y ya cuando fue sepultado,
ciclones y tsunamis
se arrastraron por el planeta.
Despertaron los volcanes
y el fuego consumió montes y bosques enteros.
Y en oriente comenzaron las guerras,
y él, en el letargo de la muerte,
inconsciente de todo.



EL PIANO

No tuve ese don.
Sólo podía admirar
el oscuro piano apoyado en la pared.
Alguna vez toqué sus teclas.
Pero era mejor parar
antes de que el mundo se enrudeciera
escuchando los mazados
que le daba.

Era como una sombra
cuya tapa rota
servía de reclamo
a danzarinas ratas que bailaban
mejor que yo con sus notas.

Hasta los rayos de luz,
conseguían tenues sonidos,
vibrantes, con ritmo...

Ah, mis amadas Musas,
que no me concedisteis ese bello don
de abrir arpegios al aire,
crear sinfonías y hablar con los sonidos.
Puertas para mi cerradas.
Otras prohibidas abristeis
para consuelo de mis ojos
en absurdos anhelos.

Diablos de la desmesura.
Ángeles que se durmieron.




PÁLIDA VIDA

Sentada frente al mar,
pálidas están las ganas de vivir.
Los acantilados los veo rugientes.
El árbol sujeta mi suerte.
Envidio esas olas que mueren
en rompientes salientes.
Y cuando el gran salto llama,
siento tu mano que me agarra.
Florecillas amarillas ven mis ojos,
entre el azul de mar que se parte,
y el gris de la roca que me sujeta.
Y me coges entre tus brazos.
Y secas los ríos de la cara.
Me llevas de la mano a casa,
mientras un sol brilla en lo alto
y tu voz recuerda,
el oro que mi vida vale.





SAFO

Hay mariposas bajo el cerezo.
Resplandecientes horizontes 
derraman pétalos en nuestros cabellos.

Por la punta de nuestras plumas

se desgotan ríos de poemas.



Vuelen nuestros empeños

en finos caldos de uva fresca.

Abandonadas a placeres;

recitamos versos
y nos besamos.

¡Ah, si Safo estuviera con nosotras!

¡Ecos en suspiros llegan!
Y sonríe seductora
desde un congelado cielo.
Mente guardada en el vaivén del tiempo.

Escondida entre pasajes
la que fue boca viva.
Imposible decir palabra
pues desfallezco toda pálida.

Paseamos orgullosas,
nuestras falsas rimas
que se creen gloriosas.
Mas sigue sutil bajo la piel,
aquella que cantó al ciruelo.
Flor de la colza
sentada en el templo.

¡Ah, si Safo estuviera con nosotras!

“De ella ver quisiera su andar amable.
Y la clara luz de su rostro
antes que a los carros lidios
o a mil guerreros
llenos de armas...” (Safo)

Extensas margaritas cubren el césped.
La historia se repite.
Y el cuerpo de frío fuego
se enciende.
¡Qué belleza de desnudos y versos!






JAZZ, JAZZ, JAZZ

Suavidad, cadencia,  jazz…
Alegoría de esa nube huidiza,
algodonosa en sus formas
de figuras pasajeras;
caras hieráticas,
ahuecadas en las paredes del sonido;
vértice cautivante
del verso y del acorde.
El saxo suena.
Jazz…

La batería invade el discurso
que camina entre crepúsculos,
entre sombra visionarias,
oscuridades ondulantes…
y  la naturaleza calla,
los objetos callan…
escuchan...
jazz… jazz…

Piano, contrabajo y saxo
medida de nueva poesía,
metáfora con color,
densidad, repercusión…;
fría , caliente…
Realidad sónica
que medita  en la palabra
en notas de anarquía
que sucumben en el beso de su orden.

Amor de jazz que crece.
Armonía que envuelve la nota
y el acorde en sí mismo;
el organismo vestido de verso,
mancha de tinta en los papeles.
Palabras conjugadas con sumisos arpegios
que enamoran los sentidos.

Grados y notas que se pierden en las siglas
del músico y el poeta en acierto
antes de cualquier texto.
Séptimas disminuidas, novenas…
Jazz… jazz… pureza del jazz…

Plural arte del acorde que subyuga.
Figura de expresión
donde se apoya el cuerpo mío
 y la mirada se deshace.

Bocanadas de humo
reconfiguran lo que puede ser melodía
contundente cual oda derramada.

Romance natural que pasea,
sutil tiempo de amar
entre las teclas del piano,
las cuerdas del bajo
y el gemido del saxo...

Mudez de deseos arenosos
que alzan el vuelo.
Tacto, respiración, jazz…





EMOCIONES

Me rompe el pecho
la ira que abrasa.
Mi lengua ladra
como perro ignorante,
flemática y descuidada.
En la cueva de mi corazón,
mentes navegan.
Turbaciones vienen y van,
y de esta vida se desvanecen.


CONCIENCIA

Ojos me miran,
me miran mis ojos.
Corazones laten,
en mi propio pecho.
Cascadas de dicha
fluyen en mis venas.
Como fuente de vino amargo
las penas del mundo
son mis congojas.
Olas que pasan,
apenas me rozan.
Mareas del tiempo.
Nonato eterno.
Soy y somos  las sombras
de alargadas vidrieras.
Ser que oculto
como caracola marina
en el revuelo de lo profundo.




AL BARDO IMPÍO

El más dulce cantor
aparecía como cita.
Era el poeta predilecto
de aquella a quien amaba.

Murió mientras yo estaba sano,
y  la primavera amanecía.
Apareció de pronto,
como la alborada,
junto a la entrada de la abadía.

Manchones de aros silvestres,
cubren las grises paredes
que rugen y crepitan con el tiempo.

Se me hace que fuera fantasma,
al tanto que ella lanza un grito.
El dulce cantor, bardo que viera,
no era más que un jilguero.
Amarilla su capa,
de tierno capullo su pico.

¡Oh!  ¡Bardo impío,
que agosta la flor más bella!
Te fuiste en tiempo cristalino
a los torrentes más sombríos.

¿Por qué deseas llevarte
al astro más luminoso,
despeñar al duro suelo,
ese ángel de luz
que me da vida?

Mas,  ¡ay, dolor!
¡Que es mi amor, mi prometida!
ese ser para llorar nacido,
o vivir cual autómata del mundo
por un payador de arrebatados versos
cantados desde el infierno.

Dulces esperanzas trajo,
engaños a su corazón puro.
De porvenir renegrido la viste
y en abrojos la convierte.

¡Alejaros espíritu insano,
si no queréis que mancille la tumba.
Una estaca clavaré en el pecho;
vuestro esqueleto rociaré con fuego.
Versos  morirán con las cenizas,
viento que os alejará de ella.

Embarga impío lo que hoy siento,
mi quebrantada voz,  mi sentimiento…
Suspira por ella el labio mío.

Ante mis ojos,
funesta vuestra losa… ¡ Yo, os maldigo!



DONDE VUELAN LAS MARIPOSAS

¡Oh! ¡Craso error!
No era a vosotros a quien hablaba.
Eran mis blandos recuerdos.
Eran mis pensamientos.
Hermosas razones traídas
para esclarecer las luz en los abismos.

Me mostraron sólo un rayo de belleza.
No pude dejar de amarlo.
Embriagada le estoy viendo
evaporarse entre colinas malvas.
¡Rasgad, Señor, los velos!

Dime, cómo te llamas
que quiero besar tu nombre.
Ya que el cielo te creara,
arder contigo eternamente.
Un rayo, sólo un rayo me ha revelado
la pureza del sentimiento.

---¡Insensata!
¿Quién más pudiera ver su hermosura
que la divinidad que le creara?
¿No he de amarlo?----

---Mas qué terrible destino el suyo,
estar condenado a círculos
entre rocas negras.
¡Ah, Señor, cesad de crear
lo que habéis de condenar eternamente!---

Atada a su piel me doblaba.
Oigo el eco de los secretos.
Mariposa ebria que la oscuridad temía
y rozaba con las quejas.

Parece que una voz descendiera
y desde el limpio cielo dijera:

--- Es cierto que puedo no crearle
y que a la vez puedo salvarle
sin merma de su libertad.
Y, sin embargo, es cierto,
que le he creado a sabiendas
de la desgracia que le espera.

Este misterio para tu pueril entendimiento,
es tan impenetrable como el conocimiento
de la pureza de mi existencia.
Pero todo incluye el mismo Credo.
Fíate de la ciencia y sabiduría
del Creador del Universo.

Cuando Yo te abra los ojos a la luz eterna,
entonces alabarás, en éxtasis de amor,
la providencia que ahora te atormenta. ----

Acabando de pronunciar estas palabras,
llamó Dios al hombre: Rayo de luz perdido.
Forma que creí divina.
Los oídos me cerraron a su voz.

Amor en mi corazón clavado
asomaba dulce y tímido,
con el suave aleteo del alma.

Yo estaba allí,
de vuelta al estulto mundo.
Él me miró con fascinadores ojos.
Comprendió mi sentir.
Pero ocultando la sien entre las manos,
rompí a llorar en silencio.

Se acercó, con silentes pasos,
me preguntó: -¿Por qué lloras?-
Y yo, exclamé:

---¡Oh, luz inmensa!,
¡Perdóname, Señor!
¡Vacilé, con vértigo,
al borde de tu abismo
donde vuelan
las tranquilas mariposas!---





LA FOTOGRAFÍA

Esta fotografía que ves
de engañoso colorido,
que del arte ostenta sus primores,
muestra un claro engaño a los sentidos.

Excusa los años con programas
que al efecto se desarrollan en estos días.
Un photoshop inestimable
venciendo el tiempo de los rigores.
Triunfo de la vejez y del olvido.

Es un vano artificio de cuidado.
Es una flor delicada.
Es el efecto más directo del narciso.
Es un reto al destino.
Es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, polvo, nada.
Con una cerilla basta.




EL GRITO

Cierro mi mano abierta
para que no se escape el amor.
Tus pupilas azules,
como mares en calma,
encubren un fulgor de confusiones.

Tu sombra traviesa
me embriaga con sus caricias
como vino donde duermen
los mejores sueños.

A la hora,
 cuando cae el sol dulcemente,
cuando danzan los dementes,
asoman en nuestros ojos
el brillo del deseo.

En vano me repites,
eres dulce encanto.
Mientras revolotean las luciérnagas
entre nuestras sombras.

Y es entonces,
cuando sin vernos ni sentirnos,
más nos besamos,
más grito.



PERROS EN LA LLANURA

Un chasquido de puerta.
Unos ojos que miran.
Una nube de polvo
y el coche desaparece

La mochila pesada.
Tengo agujetas en las piernas.
La espalda  sudada.
Y veo que el sol  se esconde.

Cerró la oscuridad.
Aparecieron las sombras.
Detrás de una arrastrada niebla,
extrañas figuras imaginadas.

Algo confuso y desorientado.
A lo único que aspiro
es  encontrar un lugar seguro
en aquel inmenso llano.

No hay Luna.
Cumbres de nubes.
El peligroso acecha.
Mato a una serpiente.

Horas que cortan paisajes.
La suerte está conmigo.
Entre grandes rocas,
encuentro un refugio.

Respiro aliviado,
un tanto agitado.
Me parece un palacio,
un oasis encontrado.

Nunca hubiese pensado
hallar en ese hostil  paraje,
a un anciano desgreñado, andrajoso…
de mirada furtiva  y no muy amiga.

Los dos nos asombramos
al vernos en la entrada.
Primero una ojeada.
Luego una impresión.

Siento que este encuentro
no augura nada bueno.
Es grande, desharrapado…
Da miedo…

Medio  animal y medio hombre.
Parece ser hermano de  lobos.
Ojos con venillas de fuego.
Deberé tener cuidado.

Le miro fijamente.
Recuerdo una  navaja
que llevo dentro de la bolsa.
Pequeña seguridad incierta.

Observo el bulto del bolsillo
de unos pantalones raídos.
Pienso:  Quizá  lleve un arma.
Movimientos lentos.

Enciendo un cigarro.
Adopto pose de estar cansado.
Él también saca otro.
Nos espiamos  de reojo.

Dejo la mochila en el suelo.
Me siento, repaso mi memoria.
No llevo nada importante.
Puedo correr y escapar.

Doy una intensa calada
y hago roscos con el humo.
Luego tiro la colilla al suelo
y  la aplasto con la bota.

Al punto,  él hace lo mismo.
 Con los dedos
la estruja contra la roca.
Le veo unas uñas negras.

Evitamos mirarnos un rato,
sin dejar de controlarnos.
Al  final decido no tentar al diablo.
Me levanto.

Él  repite el mismo  acto.
Y sin tratar de evitarnos
salimos  de la guarida,
al igual que los animales.

Nuevamente buscando el camino.
Sin decir palabra alguna.
Él coge una dirección.
Yo, otra.

Marcho a paso ligero,
quiero poner distancia.
Me viene a la mente
un pensamiento.

Advierto que no somos lobos,
sino mas bien,
dos perros inquietos
que se observan, olfatean y alejan.

Conclusión:
Animales y hombres, todos iguales.
Hay que buscar otro cobijo.
Me siento colina sin suelo.






CAMPOS DE ARENA Y AMAPOLAS

Mirando un llano de ruinas viejas,
admiré con asombro
un salpicado de amapolas
entre secos arenales.

Pensé que eran gotas de sangre.
Rojo alucinógeno que se extendía
por atrapadas piedras del pasado.
Ecos triste de dolores,
que agónicos paseaban
entre sus colores.

Mas hubieran agradecido,
beber de sus pistilos,
aquellos encarcelados
que aun pasean sus males
por las estrechas e intrincadas grietas.

De la noche a la mañana,
en  la humedad de la mazmorra,
cargados de hierros,
con una barra de grillos
inmovilizando pies destrozados,
una argolla en el pescuezo
y pendiente de ella,
una cadena de más de 10 arrobas.

Fiel retrato de un penal que regía
en un Marruecos de hace más de un siglo.
Y cuando agonizando se hallaban,
a rastras llevaban al estercolero.
Allí morían peor que un perro.

Alguno vi en el rigor del invierno,
surgir de lo profundo de la arena
que pareciera viviera unos días
en una agonía lenta.

Vomitaba por los infiernos,
todos los dolores infringidos
por cuatro destructoras langostas.

 Moros armados de espingardas
señalaban el cielo
y preguntaban no se qué.

Visión que se perdió,
cuando las amapolas se abrieron 

entre el ocre de la arena seca.



LO QUE PASA


¡Cómo duele hermanos,

saberse de memoria la H del hambre!

En la ciudad donde me encuentro,

soy como perro,

me arrojo a comer.

¡Viva los niños que tocan campanas!

¿Alguna vez condecorarán al poeta

que canta el lenguaje del bronce

y versa la H del hambre?

Caminemos, caminemos…

cantando por dentro.

Así hacemos historia, 

relamidas del tiempo.

Con la H al cuadrado.

Con campanas sonando.

Crecidas uñas y pelos

junto a transparentes huesos

y palabras de golpes y llantos.

Y yo con ellos, con todos…

veré subir sus sombras 

entre oleajes de rostros.


Exhalo mi aliento

también en estos versos.








MI GALICIA QUERIDA

(a Mari Carmen de Mablaz)

"Caía a plomo una llovizna tierna
sobre los cruceiros de los caminos, 
sobre los campos de viñedos.
Y las cascadas acompañaban
con sus pluviosas alegrías.
Al fondo se oían las campanas."



SATURNAL DE VENGANZA

Años pasaron como cautiva rata.
Señor poderoso y admirado.
Años combatiendo
bajo los pesados fardos,
defendiendo un honor
que no entendieron.

Ahora regreso a un hogar
que no conozco.
Luminaria de lámparas
encendidas en la noche,
donde el amor se esconde
tras la muralla de su mirada.

Ciprés que se levanta
de un carbón encendido.
Se afila las uñas
a la luz de la soberbia.
Trae consigo los despojos
de aquellos gozos miserables.

Y mientras confiado feliz se relaja,
saturnal de venganza;
el filo saja su garganta,
la vida se fue en perfumada agua.


O ROSAL

(Valle de Galicia -Pontevedra- España)


Entre el follaje perenne
de una Galicia escondida,
verdes los paisajes
llaman con sus cantares.

Desde la ventana de mi pensamiento
veo viñedos que tintan
a un rio Miño,
a un profundo océano.

Cómo te quise y quiero.
Bondad de un clima 
que viene de ancestrales tiempos.
Que vive unido al amor
en el pecho de sus villas.

Viajeros errantes
cuyos ojos se pierden
en O Rosal y sus restos.
Descanso que da al alma
el silencioso monasterio
de Santa María la Real de Oia.

Cada rincón aguarda sonriente.
Rayos de sol dorados 
alumbran un paisaje de reyes
que ya sufrió en sus carnes,
el fuego y el llanto de sus viviendas
además del Priorato.

O aire puro,
aurora e visións de ás prata
Tendo a miña fe
Nos seus ollos.

Puro el aire,
el alba sonrosada
y visiones de alas plateadas
que llevan mi fe
en tu mirada

Imos reunir no camiño.
Vayamos juntos por el camino.
En hileras dispuestos 
los diecinueve Muiños do Folón
donde se escucha la estereofonía
que baja de la montaña
y pasa bajo el puente.

Corre el Miño con sus aguas claras.
Y las aves hacen sus nidos.
Beben de la apacible corriente,
mientras miramos en su espejo
sombras que se reflejan.
Linfa inmaculada,
el nenúfar brilla 
por entre el verdor
de la frondosa orilla.

Amor dulce que se escapa.
Amor eterno en O Rosal 
donde suspira todo el valle. 
Nubes de transparentes grises,
casas de oro navegan
por entre pastos de amores.

Y yo, trovadora rendida,
a pie subiera hasta la más alta loma,
para quedar convertida
en rosal para vuestra vista.
Allí huir del mundo,
quedarme prendida en un sueño,
dejar que las luciérnagas velen,
y los astros centelleen.

Soledad donde me quedo
para llenar al mundo,
de ese paraíso tan bello. 

Fantaseo, imagino… 
mientras el pensamiento 
y la vista se recrea ligera
en las risas y alegrías de esas tierras.

¡O Rosal, fiestas y romerías…!
Y corre ese vino fresco
que desde su raíz nace,
y las gentes hablan en cantares,
y las meigas bendicen.

Si alguien sueña 
con un paraíso perdido,
con amores que se agitan,
con versos en sus viñas,
que vaya a O Rosal
y ahí, encontrará su sitio.



EN LA LOCURA DEL MOSAICO
DE TORRE DE PALMA

Escribí el libro así,
como el mosaico de Torre de Palma.
Perdida retención de la mente,
dibuja con las siglas
diferentes cuadros,
podando jardines
de perfumes de hiel.

Diferentes baldosines de bordados.
Un sátiro y una bacante,
un Sileno ebrio, caballos
y ménades bailando.
Apolo y Dafne
con un Hércules bebido
descargado sobre Mercurio.

Encogida a ratos,
me revuelvo entre las páginas.
En blanco me quedo.
Admiro el labrado alicatado,
pasadizo donde hallo a una Medea
meditando el infanticidio
y a otro enloquecido Hércules
a punto de matar a su mujer,
y a sus propios hijos.

Descalza beso los lotos del lago
donde me baño desnuda,
descanso del delirio que circula
y desvestida sigo escribiendo.

¡Oh, placer de mi cuerpo
entre papeles trastornados!
Triunfo báquico
que no pertenece al tíaso de Dioniso
Risa escarlata donde me meto.
Yo no soy de ahí,
y ahí me veo
cargada de vides.

Así como Teseo mata al Minotauro,
en el itinerante laberinto me pierdo.
Selvas y carnes prietas
sonríen pálidamente bellas.
Alegres floreros
como obras maestras
de este taller de baldosas,
cual si fuesen dibujos
de un Picasso del siglo IV.



LA ROSA ROTA

No cojas la rosa
quebrada y rota.
Es como arena roja.
Disminuida, robada…
 sus pétalos resbalan
por la palma de la mano.

Corazón verde
de seca corola.
Helada y frágil,
perdida  flor de fuego.
Sin brote de aroma,
sólo rasga los dedos.

Soy nube que viaja.
Soy aire de cielo.
Soy gota de agua.
Soy barrizal de tierras.
Carcajada infinita,
de esa flor que se asoma
a tu ventana.

Dame papel y pluma.
Girasoles y días de oro.
Paisajes de versos
germinarán en tus pupilas,
mas no cojas
la rosa quebrada y rota.





PARPADEO ETERNO

Sentada en el suelo,
se alza sobre la cabeza,
la bóveda de negro terciopelo.
Deslumbrantes ráfagas de luz
surcan el firmamento.

Estrellas fugaces
o nuevos fenómenos
que ni la mente imagina.
Y las estelas luminosas
describen la misma ruta
entre el tímido parpadeo
de las estrellas.

Como yo, el cielo mira.
No conozco, ni veo,
ni sé si existen rostros.
Pequeños  agujeros abiertos,
flotantes cuadrados…
formas de conciencia confusa,
dulces… ya ni sé… divinas.

Me embriago
con ese algo transparente.
Azucena que se esconde
esculpida por lo eterno.

Es demasiado ese torrente
que viene de arriba,
que viene de abajo.
Eternidad que emana,
en salteados caminos
donde los errores no existen.

¡Ah, brisa de libertad
acurrucada en tu hora,
en tu pecho, en tu recuerdo!
Muéstrame tu blando lecho
de piedras que vuelan,
de senderos malamente elegidos,
para que teja nuevos
y alocados versos.

Nervios tirantes.
Ojos y oídos.
Veo volar al alarido.
Tronco rosado
amarrado por enredadera.
Guiño del más allá.





AMORES DE TUBA Y TROMBÓN

Hablamos de colonia,
de ese perfume fresco a rosas
mientras la sed oprime tanto,
o quizá mejor de las candentes losas
y del ardiente vapor de verano.

El aire reseco,
entorpece el inflado pulmón.
La cabeza disparada
 en la tuba y el trombón.
Núcleo de sinfonías
de abiertas puertas al amor.

Tocaban a veces juntos,
incluso fuera del auditorio
en una banda de jazz
que abría cuadrados de flores
entre paredes
que nunca tuvieron nombre.

Quereres disfrazados
 alertaban con la tuba,
excitaciones sensuales de sonidos,
y la trombonista ondulaba el cuerpo
en agitados contoneos.

Voracidad provocativa.
Sexualidad bohemia a ritmo de jazz,
cuando no, a melodías sacras
cual si estuvieran en verdosos lagos
de reflejadas notas donde el oído se pierde
y las miradas ascienden.

Boga la tuba con su obseso
sonido que acrecienta el beso.
Lingüística nacida
del viento y del metal.

Vibrante silbido de los labios
en boquillas tras columnas de aire;
tremolantes movimientos
parten con el instrumento.
Retroceden, tocan…
gimen porque nace el Sol.

Escondidos en  nuevas señas,
bajan a los infiernos de  Orfeo
de la mano de Monteverdí,
para luego con barrocos sentimientos,
interpretar pasajes de solitas.

Tuba y Trombón calan el horizonte.
Ahí en el ardiente suelo
saltan sus anhelos
hondos, muy hondos…
amores de viento.




DESDE LA MUERTE



Aquella gota transparente

encerraba el halo titilante

de un alguien con bigotes,

gigantesco copo de algodón.



Como masa de luz

llenaba la estancia.

No tenía manos.

No tenía pies.

No se arrastraba para avanzar.

No rodaba.

Simplemente se desplazaba

en sendero de plata

dirigido hacia el lóbrego túmulo.



Sólo fue un instante,

una décima de segundo,

y se extendió ampliándose

hasta rodear el ataúd.



Emergieron dos brazos largos,

gruesos, lumínicos…

acariciando el cadáver.



Y la luz se fundió con el cuerpo,

penetrando por su piel.

Luego desapareció.



Largos segundos de silencio.

Un dedo se movió

y luego otro…

Aquellos dedos que no tenían color,

se abrían y cerraban

en ejercicio digital.



Falsa y no falsa cabeza se alzaba.

Abrió los ojos y miraba.

Hábitos blancos cubrían su cuerpo.

La vista hacia el hueco de la caja.

Era una aparición o era un fantasma.

Se acercó a mirarla.



Su rostro afilado dormía.

Eterno lecho,

cirios largos alumbraban.

Todos la veían muerta.

Lagrimillas se escapaban

como manecillas de reloj

en los rostros ya cansados.



Y comprendió, comprendió...

el paso de su tiempo.

La grandeza

de un Dios que ríe

ante su sorpresa.

Estaba viva,

y todos la creían muerta.






MEDIÁTICOS PARLANTES

Me puse en pie a trompicones.
De algún modo llegué
a lo alto de la escalera.
Respiraba en cálidos gemidos.
El pelo chorreaba de sudor.

Cogí una cerveza de la nevera.
Las conchas bajo la casa
conversaban con voz grave,
emitiendo un sonido placentero
sintiendo que habían dicho algo
con sentido.

Al pronto quedaron ahogadas
por el eco disonante de un hombre
frente a un bosque de micrófonos.
Repercusión mediática por saber
con qué arte se va a correr,
tras un balón en calzones.

No habría conseguido tanta repercusión,
el rescatar al perro de la familia
de la crecida de un río.
Pero una violación o que te maten,
será noticia de escala,
relámpago que cruzará el mundo.

No es de interés,
 el perro se ahogue,
el niño muera de hambre…
y tantas realidades más cruciales.
Pero todo el mundo se enterará,
de que el asesino guardaba tus bragas
en un cajón del escritorio.

Me alejé haciendo caso omiso
a las preguntas que formulaban a gritos.
Casualidad hizo que se apoyaran
bajo la pared de la ventana.

Ilustre juego de lenguas blandas.
Vi una niña con su mochila,
cruzar la calle ligera,
¿Será de las de palabras con calza,
o de las que hablan con borrajas?

¡Oh, futuro de mediáticas palabras
que saltan a la brava!
Por los cuernos os cogería,
para daros una estocada de punta garfiada.


Cogí un trapo de limpieza
y lo sacudí estirando el brazo
por la tronera.

No me importó
que se llenaran todos
de polvo.


HIJOS DE LA TORMENTA Y CANAS MUERTAS

Que la edad y los achaques
hurten sigilosos el aliento de la vida.
Que la juventud vigorosa
indague con sus ojos
lo que el futuro promete.

Misterios de la existencia
que va arrancando frutos
a medida que caen del árbol.

El sol se levanta por el este,
enciende el pelo cano
cual vela de llama tibia.
¿Verá el anciano el final del día
o sus canas estarán peinadas?

La tierra se echa a descansar.
No piensa.
Opaca redondez que le da nombre circular,
con ciegos ojos, tampoco ve.

Y así, dormido el uno y el otro,
no saben del encrespamiento y velocidad
de los hijos de la tormenta.
¿Qué harán con este mundo
con lámparas a medio encender?


HOJA

Hoy vuelvo a ser una hoja.
Frágil, pequeña, pegada a la rama.
Hoja perenne donde me refugio
y oculto mis pensamientos.
Del tronco extraigo la savia.
Sabiduría que buscan mis letras,
y aunque pocas,
revelan lo mejor de mis poemas.


LA HORA

Pasó mi hora.
Impalpable me veo.
Desmembrada y sin fuego,
como muerta vagando.
Haré divinas tierras magnéticas
con el amor que se me negó.
Y no importa el encierro.
Mi hora ya pasó.
No temo la soledad de un cuarto,
ni el olvido que el mundo da,
pues con papel y pluma
me basto yo.





LA MUERTE DE LA NINFA

Vaga historia te cuento, Fauno mío.
Quisiera responder a tu pregunta,
el silencio nos mata en cada estío.
Es el poder de Eros quien nos junta.
Impacto que sufriera más tu tío,
al crecer indigno odio, repunta.
¡Oh, gran temor! ¡la Furia nos desyunta! * (Desyunta = desjunta)
¡A las Erinias manda por empeños! *(Empeños= cabezonería, deseo…)
Soy Ninfa condenada por los sueños.
Tiemblo, crujo, tirito… ¡qué coyunda! * (Coyunda = dominio, domina)
De noche y de día surge la punta
bajo el fondo del río, señal santa
donde el amor encuentra a la difunta.

Nota: (Soneto  estrofas remaniegas  de 13 versos endecasílabos)


BÚSQUEDA

No existía el Algo ni la Nada.
Ni aires ni cielos de hadas.
¿Dónde descansaba todo?
¿Qué era lo que cubría todo?

Quién sabe, quién, de dónde
surgió esta vasta creación.
Acaso en el seno de la mente a donde
la diosa acudió con invocación.

Cantaron. ¡Oh vida! ¡Oh sinfonía clara!
Era como si el gran corazón llevara
sensibles notas, ángeles divinos.

Y siendo una imagen del mundo
el noble arte de la materia que elige,
termino mi búsqueda en el campo abierto.


NAVEGANDO ENTRE CASCADAS 

Y acunan al ignorante,
con papeles y tornillos.
Esfuerzo de los martillos
perdidos en el horizonte.

Timonea entre las olas.
El mar con brillo altanero;
aromas de los romeros
desde la atrevida roca.

Juega capitán de mares.
Barca de papel tu nido.
Ríen las costeñas cascadas.

Aires que apagan luceros.
Corazón hecho de astillas.
Ocre orilla en ventisquero.


CANTAD

Sentada miro hacia lo alto.
Bellezas celestes abandonadas en los aires.
Cantad, seguid cantando, plumíferos del viento.
Cantad en todos los rincones ilimitados.
En la noche, en el día…
Seguid cantando en las horas y el tiempo,
que vuestros gorjeos suenen a flautas
con voces casi humanas
que confundan a los poderosos.
¡Oh, cantad con esa libertad tierna!
¡Oh, volad salvajes con el alma abierta!
Sólo vuestros trinos son los que oigo.
No importa que me detengan,
siempre jazmines adornarán mi encierro
y vuestra voz sonará entre las rejas.




VIOLETAS

Ya no recuerdo.
Conducía despacio
y me vi cual pequeña florecilla
escondiéndose entre piedras.

Y era un ramillete de violetas
de aquellos de los ojales.
Engalando a los hombres
para acabar en el suelo.

Circuitos hacía el asfalto,
los coches me adelantaban
y mirando sólo de frente
violetas en los arcenes.

Dormida estoy, cansada.
Que ya no sé conducir mi vida.
Que soy mujer de orillas
queriéndose ir de esta vida.

Violeta me hicieron,
sin ser vista bien pisada.
Grandes pruebas
de la lejana aurora.

Ramillete de violetas;
violetas frescas recién cortadas.
Aromática esencia que me acompaña
mientras piso el acelerador a fondo.

Ramo inocente.
Tremendo secreto
entre las miserables rocas.


 EL QUINTO CANTO


Si me viste con el rostro inclinado,
no es que mis pies mirara.
Prestaba los oídos,
a murmullos de cantos.

Si viste una espalda apoyada,
era la debilidad que al tronco buscaba,
allá donde el espino pinchaba,
en el acantilado.

Viajaba como en un sueño,
más y más lejos…
por aquel espacio de azul cielo
en busca de espigas doradas.

Notaba que el cuerpo se volvía pesado,
el aire que respiraba denso,
y cada vez el sonido era más alto
con entonaciones sagradas.

Flor de loto acompasaba
flotando en brumosas aguas.
Perdí la rosa blanca del alma,
ahí sentada,
acunada por el viento.

Miré atrás de pena.
Tristeza no contaminada.
La luz me besaba
y las hojas del árbol
crepitaban con mi llanto.

Y entre pétalos y somnolencia,
escuché un bello canto.
Voz masculina, impaciente;
exultante y cortejante.
Caminaba entre las olas,
como pastor con sus ovejas.

Entonces, en un instante,
sentí perder el control.
Una segunda voz cantaba.
Femenina pureza
de maliciosa condición.

Eco de un Cantar de los Cantares.
Tiré de mi misma,
casi al borde de la inconsciencia.
Equilibrio que frenó la roca.
Puñal de plateado filo,
sujetaban los dedos.

Allí, amor, te vi caído.
Desmembrado tu cuerpo,
con el corazón herido.
Y un tercer canto,
sonó al momento.

Goce amoroso y místico.
Texto sacro de alegoría profunda.
Ven alma de flor dañada.
Lenguaje de un ser que te llama.
Carne de amor divino
que se entrega a tu tonada.

Gaviotas sorteando las nubes,
bajo todos los soles del mundo.
“Dios mío, exclamé hacia mí misma,
ten piedad de mi.”
Y caí de rodillas.
Plumas de oro cruzaban
una luminosidad purpurea
de colores de alboradas,
cuando sonó el cuarto canto.

Mi amado es blanco y cano,
quedó dormido en sus recuerdos.
De los oscuros ojos,
lágrimas  humilladas
por tantos remiendos.

Al pronto la voz que entonaba,
se hizo lluvia atravesada.
Sonidos del agua que gritaba:
¡Vive!
Después nada.

Y a pesar de tantas pruebas,
a ti poesía me agarro
cuando escucho el quinto canto.

Como centellas del universo,
la voz más alta y más bella.
Y en pico de plata cantan alabanzas
negro turpial,  ruiseñor,
y cuando no la paraulata.
Aves que cantan mejor que el árbol
donde me recuesto cansada.

Me conociste y no pudiste estar conmigo.
Mi paso y mi mirada,
jamás están perdidos.
Así como hoja tierna,
a tus aires me entrego,
si quieres tener mi mano,
yo te la doy,
espero.

Al instante, Ave Fénix resurgiendo 
de la opresión de su propio canto.
Árbol, acantilado, mar
y abovedado celeste,
mirando.


ACUNANDO SUEÑOS

El lago de Como sonaba al piano.
Arpegios tan dulces
como cristalinas aguas.
Era Galos quien la melodía tocaba,
mientras suspiros salían
de un vuelo que se cruzaba.

No había galán en la barca,
sólo manojos de sueños
en un acunado horizonte
que se perdía
entre brumas escondido.

Si palomas el mar cruzaran,
y fueran al norte de Italia,
vieran sólo una canoa dormida
en las eternas aguas del Lago.

El misterio escondiera,
a la Domitia del olvido.
Caminante desnuda,
dispuesta sobre otro mar,
con pluma breve y ligera.

¡Cómo te entiendo, amor!
¡Fantasma de mis anhelos!
Date a volar, que yo te espero.
Lloré mi vida, mi alma callada.

Olas saltan en risas de espumas.
Galos callando… Chopin tocando.
¿Y Mozart?, dormita recostado,
aprisionado en su Flauta mágica.
Y yo, presto oído al viento
esperando susurros de versos.

Amor que para mí fue clavado
en un pentagrama de corcheas y blancas,
de fusas y semifusas…;
descarriadas, mudas...
vestidas de letras,
mas no de besos y caricias.

Quiso el destino,
fuera edelweiss en la roca.
Solitaria y blanca flor
en lo más alto de la montaña.
Allí descansar primorosa,
en un silencioso madrigal
donde las cabras velan.

¡Oh, simpatía de la vida!
Por el encanto de un sonido,
de un verso que cayó en mis manos,
soy , sin ser y siendo… ¡poseída!

LA INFANCIA: LUCES Y SOMBRAS

Sentada como pájaro en su nido.
Invisible hacia el mundo.
Día y noche.
Frío y calor.
Las estaciones dando vueltas.
Y la cúpula celeste mirando.

El horizonte no estaba lejos ni cerca.
Se hallaba en la misma línea
donde se esconden los fantasmas,
bajo ese ardiente sol
que me volvía llama.

El agua hervía a mi lado.
Burbujas marinas subían hacia el cielo.
Y mariposas jugueteaban entre mi pelo.
Era la dulce infancia,
correteando por la pradera.

Todo era armonía y expansión.
Hasta que estratos de nubes
se volvieron glóbulos negruzcos.
Y la oscuridad cubrió todo.

Jarros de agua desnudaban
a una miedosa mente
que con la luz jugaba.
Y corriendo parpadeaba,
con gotitas en las pestañas.

Brumoso se volvió el camino.
El ceño fruncido.
Barro en los zapatos.
Barro en las rodillas.
¿Cuántas veces resbalara?

Llegué al único refugio:
La casa de los humanos.
Entreabría los ojos
buscando la luz
que me quitaran.

Chispitas encontré
junto a la chimenea,
y la Tiffany jugando con colores
en la mesita de la entrada.



EL BESO QUE DUERME

Silencio de escarcha.
Te doy el último beso.
Cenicientas las mejillas.
Flor amarga la de tus labios.

Repitiendo las oraciones,
cerúleo y acartonado el cuerpo;
mis ojos secos de lágrimas,
la boca de ceniza.

Te doy el último beso.
Retumba cual tambor hueco
la balada amarga
de dolores ebria.

Absurdo mundo
de mudos besos;
de rotos amores,
calados silencios.

Ad  infinitum, ad infinitum…
Ardua búsqueda
del beso que pierdo,
de un decapitar desierto.

Tres razones que alzan
donde morir bajo tus brazos,
quebrados queden los dedos
y se tornen las fragancias del alma:

Tus ojos plegados.
Tus venas sin sangre.
Tu boca cerrada
en un beso que duerme.




DE LA RIGIDEZ POÉTICA

Hoy voy de luto severo,
flores negras me acompañan
y todo el mundo se extraña
del féretro tan austero.

Goteando están los velones del día.
Lloros por el fenecer de la fantasía.
Rigidez de letras de poesía
que clavaron sentencias a la anarquía.

Muero sobre los ojos que me leen,
como avecillas por un instante vivas,
para caer secas en el inconsciente.

Sé la estrofa que encanta y quieren.
Sé guardar silencios de luna,
huir cuando sube la marea y se sienten.



ARMADILLO

Las ternezas de armadillo
de tu cálido corazón,
tienen máxima ligazón 
con el caracolear solar
y las flores de amarillo.
En tus brazos tan confesos,
falsedades de embelesos, 
con virtudes sin controlar.

Ah, mi pequeño armadillo
mal quedó el corazón,
sin fuerza de ligazón
con sencillo rayo solar
y sus lanzas de amarillo.
Perdidos labios confesos,
quedaron sin embelesos
en apagado controlar.

Rueda bola de armadillo. 
¿Qué pretendes corazón,
provocar la ligazón
con opaco brillo solar
y los cielos de amarillo?
Muertos están los confesos,
y las mieles de embelesos
se volcaron sin controlar.


VOCES DEL FRÍO

¡Escucha, desconocido de bruma y nieve!
Un gorro blanco llevo puesto.
Gorro de novia del Hielo.
pues amante soy de las heladas aguas.

Hielo a un lado, hielo al otro.
Lienzos se posan
sobre nueve vísperas
a través de la niebla.

Ni una nube, ni un asomo del día.
ni muescas alargadas
de luces mortecinas.
Voces, sólo voces de Hielo.

Y el bendito poder que gira,
arriba y abajo.
Bendiciones da al casorio
dejando caer copos en mi gorro.

Alarga su grito solitario
el níveo follaje escondido.
Si cerrase los ojos,
vería antorchas heladas de amor.


LLORANDO CON LA NATURALEZA

Puse mi arco en las nubes,
y las aves revoloteaban por el aire;
y las madres alimentaban a sus hijos
con sus picos,
y la naturaleza vivía de acuerdo
con todo ello.

Más el hombre sin corazón de tierra,
cubrió los campos y aguas 
de minas, suciedades y residuos.

Fue pisada la hierba fina.
El rocío sólo caía
en las defecares sordideces.

 Se rompieron sus nidos.
Y los pájaros se alimentaban
de plásticos y miserias.

Poco a poco, sus plumas se ajaron,
fueron cayendo muertos.
Agonizantes avecillas de la basura.

Y el hombre se volvió pobre.
Ni trinos, ni campos verdes,
ni mares abiertos que no estuvieran
contaminados.

Y vinieron fuertes borrascas.
Y las olas irrumpían en las costas.
Toda la madre tierra lloraba,
por las avecillas maltratadas.

Las cosas, en su propia naturaleza,
se doblan sin ayuda de los arcos,
se enderezan sin líneas,
se hacen redondas sin compases
y rectangulares sin cuadrados.

Y todos los seres viven y crecen
a partir de su propio empuje .
Y nadie debe interceptarlo.

Tenemos nuestro lugar.
Nuestro punto de encaje
que no deseamos encontrar.

Esto ha sido,
así debe de ser
y no se puede alterar.

Pero seguimos dejando morir
nuestras aves, nuestros peces…
nuestras bestias, nuestra tierra entera.

Necedad consentida,
de la que nos sentimos orgullosos.
¡Divinos sin sesera!
Quejándonos cuando la Tierra protesta.

Lloro.
¿Vosotros, no?




ABATIDO ESCRITOR
 

Otro fragmento de una narrativa
suelta y austera a la vez.
La dualidad que se presenta,
se hace eco de los sentimientos
de la cigarra que canta.



Ese recuerdo de la memoria histórica

entre ideologías opuestas,

entre frailes y seculares.

Muertos sin sepultura.



Y hoy en la letra vuelvo a visionar

al pintor que contempla su obra;

esas gafas en el bordillo de la acera;

un sol que abrasa las pieles y seca.


Pueblos que existieron
y yacen bajo arenales
mientras arañas gigantes
se pasean sobre ellos.

Radiactividad de un mundo
de verdes amoratados.
Tórrida tierra, árida y desbrozada.
Y nosotros abrazados.

No vemos, ni sentimos miedo
de un despeñado derrumbe.
¡Letras y cuentos!
¡Ay, mundo de verdades
que caen rotas sin principios!

Polvo, sólo polvo.
Los hijos del amor
caminan de la mano,
mientras el mundo se desploma.

Maldicen la hora de sus amores,
de ese morir cada segundo.
Imprecan la hora en que prometieron
alcanzar el cielo
y éste,
también se desploma.




AUSENCIAS, HERIDAS Y CONFUSIONES

Acerqué la cerilla a una lámpara,
y aquella llama que prendió
no dio la claridad deseada.

Cerré las heridas
de ausencias prolongadas,
así como cerramos
los ojos de los muertos.

Abrí las puertas al sol
que suspiraba.
El cerrojo del error
cerró la verja.

¿Quién abrirá los portales
de este sagrado Templo?

Salto las lanzas que me acosan
y lleno mis manos de coronas de trébol.
Grandes puertas que abro al poeta,
para que cante mis confusiones.





CAMINANDO SIN PIES

Me quedé sentado en el bote.
Varias horas pasaron.
La sombra del sol se movió 
a través del apacible cielo.
El suelo perdió su carácter pegajoso
y secó lo suficiente
como para recorrerlo en poco tiempo.

-¿Qué buscas tan silencioso y pensativo?

Oí a una neurona preguntar a otra.

-¿Crees que amor es la respuesta?

El olor a pescado era nauseabundo.
Sentí que enloquecía.

-Resulta penoso amar a una mujer en exceso.

Tuve que saltar del bote,
marchar hacia el oeste,
donde ya el sol se escondía.
Y la voz seguía en mi desconsuelo.

-Hay más cosas maravillosas e inmateriales,
manos incansables que lo suministran todo.

No sé por qué mis sueños
fueron tan salvajes esa noche,
pero antes de que la gibosa luna,
se elevara sobre la llanura oriental,
desperté con un sudor helado.
Ya no volví a dormir.

No quería ver visiones
y menos oír cómo mis propias partículas
recriminaban mi sentir.

Recogí la mochila.
Al emprender la marcha,
observé mis botas vacías
y no tenía pies para llenarlas.
Mas caminaba,
y no sé cómo.

-Eres un cuerpo etéreo
y no te has dado cuenta.

Cuando el astro subió más hacia lo alto,
empecé a ver los flancos del valle.
No eran perpendiculares.
Cornisas y salientes de rocas
ofrecían puntos de apoyo.

La mezcla es mía, lo visto y lo invisible.
Mis botas caminaban solas
y yo flotando sobre ellas.
Urgido a avanzar
por un impulso que no puedo analizar.

Océano misterioso donde mi linfa se vacía.
Me alejo por donde los amores mueren.
Camino sin pies que sigo recorriendo
con las botas huecas.




TREINTA SEGUNDOS

Treinta segundos de silencio.
Treinta segundos,
hasta el crujir de las rodillas.
Del rabillo interior del ojo,
brotó agua, no una lágrima.

Treinta segundos duró la carcajada.
Caminé en círculos
pisando humedades de fondo;
puro acto reflejo
inyectado en miradas
ligeramente hacia arriba.

Aquella chiquilla
del bote de remos,
lucía el mismo vestido azul
con lunares y ribetes
cosidos alrededor del cuello.
Volvía a soltar esa risa entre dientes.
Sonido extraño, ausente.

Sabía que pasaría.
Shock que sentiría
cuando la realidad se hiciera presente.

Exhalo temblorosa bocanada de éter.
Hermético encéfalo pobre
que vive en trenzado estrellado.

Ya mismo estoy y no estoy.
Quédate donde estás,
dormida bajo el agua,
cual fantasma de espuma
con tu vestido azul.

Treinta segundos
duró el instante
Manos de acero
volcaron la barca;
enredadas flores
cortaron con tijeras.

Ustedes adultos que leen.
Yo soy la niña.
¿Qué quieren?


LABIOS ROJOS

Colgaba de una chincheta roja.
Desperté de un sueño pesado.
Realidad de un suicidio neuronal.

Arpía y zorra…
la irá regresó.
Tan simple como eso,
como si nunca se marchara.

Tajos que daba a mi mente;
ni siquiera podía permitir,
se me notara en la voz.

El teléfono vibraba
entre la oreja y el hombro.
La mano recogía
el delgado cuello cromado
del grifo del fregadero.

Y cerré el puño con fuerza.
Martilleaba el oleaje
de las sonoras ondas.

El horno de gas…
Sí… recuerdo…

Yo seguía colgado de la chincheta.
Caricatura de labios rojos
con sonrisa de estertor.
Luego, todo estalló.







LLEGADA DEL ESTÍO

Se va la primavera

y escondido entre las yerbas,

un arroyuelo de bravas aguas.


Se marchitan las flores,

los trigales arados.

El calor azota.



Momentos de estío

que roba mis pensamientos.

Ardientes las carcajadas.



El cielo inmenso.

Ni a millas o kilómetros,

deja adosar a las nubes.



¿A dónde fue la primavera?

Rayos en la cabeza

yacen amontonados.



Como pétalos cansados,

ruinas ancianas

de sueños de paladines.



Monte, jardín y playa,

se mueven y adentran

rocosos, arenosos y fluidos.



Infiltrado viento

rasposo que cae al abismo

de mi alma.



Pasó el ayer.

Hoy,

orbe y vacas tumbadas.





SENTIRES

Figuras de cera
en el oscuro vacío.
Muñecos huecos
que labró el estinto sonido.
Alma cortejante
de escasos momentos.
Rancio minuto
donde el aire se hace denso.
La sonrisa muere.






SIERVA DE LAS FRONDAS

Sierva de las frondas,
de las hojas, de las ramas;
de los troncos viejos y tallos nuevos.


Dije adiós con el viento

desde un lejano comienzo
hasta este mismo instante.


Y en carretera de asfalto,
con los pies desnudos,
pétalos de flores voy dejando
a cada paso que voy dando.


Con la razón de una chiquilla de escuela,
con garabato torcido de letra,
humo que veo flotar en el camino,
trozo de noche que desde la pluma
me desvela.


¿Cómo pude esperar tanto
creyendo en las manchas de tinta,
hilos que conducen a ecos sordos,
cuando tan claras las invisibles palabras,
gritaban a voces?


Aquí estoy entre las hierbas de la llanura,
admirando las obras maestras de esta vida
con mis nuevos ojos.





AUSENCIA

Si yo pudiera escribir
lo que mi corazón siente,
no sabría qué decir
pues miserable es mi mente.

Camino que recorro
con los ojos vendados;
tristezas que escondo
por senderos de despojos.

Dicen que ángeles me acompañan,
pero mis ojos están cerrados.
No ven, no oyen…
y cada día mi voz más lenta.

Dime Tú, si existes,
oculto bajo el suelo;
océano o montaña,
sabor a luz de roca.

Oigo tu risa.
Risa que no turba y espanta.
Soy páramo con eco de latidos.
Tú dices: ¡Basta!

De dolor estoy llena,
desnuda de simientes.
Allá perdida en el vacío
de mi propia ignorancia.

Y dicen que trazaré finas siglas.
¡Necias, borrascosas e imberbes letras,
que sólo son pétalos secos
de mi propia cosecha!

Ausencia divina siento,
ausencia de amor,
ausencia de mi propia vida,
¡Tantas ausencias!

Ausente soy
de mi propio ser.
Ausente camino
que no sé ver.





EN LAS MONTAÑAS DE SOBA

En las montañas de Soba,
los días parecen solitarios
cuando el viento
no agita los robles.

Mientras te espero
hinchada de deseo,
contemplo guijarros quietos,
bajo el correr del agua.

Pétreos recuerdos
que ni la corriente aleja.
Sumidos en un eterno sueño,
cascabeles del alma.

Es como el galopar
del atrevido alazán;
canela rojizo,
en los largos días.

La mañana duele
tras despertares inquietos.
A través de la niebla,
casitas pasiegas desaparecen.

Lo mismo sucede contigo,
amor que gritas de anhelos.
Dices que mil besos llevas.
Fatuos bailes de fantasmas.

Cardos y ortigas me llenan.
Dejo mi hogar.
Es corta mi vida.
Me enfrento a lo desconocido.







EL PULSO DE LA VIDA

¿Habría embarcado 
si hubiera sentido
el pulso de la vida
asomándose a la muerte?


Se inclinaba abruptamente

balanceándose con el lanzar
de flores y arroz,
a las turbulentas aguas.

Ocasión de ser consciente
de la propia existencia,
de la energía personal
y del momento.

Antigua y sobrecargada barca.
No es tan fácil morir.

Bifurcado momento
donde el río se vuelve sedoso
estanque de lotos.

Arreglo el chal desatado.
Corro a la orilla.
Las piernas tiemblan al tocar la tierra.


Ramas de sauces y arces rojizos,
cobijan el ardor interno.
La sangre se vuelve fría.

Afronté con fuerza la prueba.
Encrucijada de incertidumbre.
Impulso vital frente a la debilidad.
Cautela y respeto.


Sonrisa divina de enseñanzas.
Llegará un día la muerte
como elección y no como accidente.

Dejé la sombra, el sol abrasaba,
la carretera de gravilla
me alejaba del río.



FLOR DE RIBERA, DESENCANTO

Yo era de sangre plebeya,

pero me casé con el hijo de mi señor.

También se buscó otra,

pero fui yo quien compartió cama,

quien parió a sus hijos.



Si pasas por la calle del desencanto

¿tendrías la bondad de traerme

una cruz de madera de serbal,

hecha sin hierro,

ni cortada con cuchillo

y atada con cinta roja?.



Soy esa flor arrastrada,

perdida en la ribera

en una humilde casa.




ENTRE LOS ABEDULES

Un sopor aturde mis sentidos,
como la toma de beleño
o un opio turbio.
Grave sentir que me lleva.

Me duele el corazón
de tanto amarte.
Dichoso con tu dicha.
Envuelto en azar y risas.

Con alas ligeras
abro senderos
entre los blancos troncos
de los abedules.

¡Ah, sorbo de vino fresco
cada vez que te beso!
Burbujas guiñando
y mi boca manchada de púrpura.

Disolviéndonos en fundido
de hojas que oyen
los gemidos de uno,
los gemidos del otro.

Suave incienso
que se enreda entre las ramas.
Balsámica sombra.
Aroma divino.

Amor que no naciste
del bocado de la muerte.
Tu cantarás siempre en mis oídos.
¿Visión…, sueño…?

Música que huyó.
¿Estoy dormido? ¿Estoy despierto?
Arbolada que se multiplica
como hechizo de leyendas.








STULTITIAE LAUS
(Elogio a la locura)

¡Y otro más! ¡Y aún otro!
¡Un cabritillo, seguido de su madre!
Inclinaciones perversas me venían;
aberraciones y locuras en la cabeza.
A todos, como cabritos veía
y cada hombre que se acercaba,
le miraba con raros pensamientos.
Ni paz ni consuelo hallaba.
Ni en casa, ni en la calle
ni en los rincones de las tabernas.
Me enloquecía con el trabajo.
Quería escaparme.
¡Oh, fatalidad!
¡Sólo veía un rebaño extraño!
¡Cabritos! ¡Todos cabritos!
¡Maldigo mi amarga inquietud
de los malos tiempos!
¡Qué triste espectáculo!
Corrí hacia el enriscado.
El rebaño me seguía
y todos caían despeñados.

Hoy fui al acantilado.
El mar estaba sereno.
Yo, descansando.


ESTRELLAS

Quería recoger estrellas.
Perfumes en frascos pequeños.
Independencia dadivosa.
Reclamos de mañanas gloriosas.
Callejones con salida
que me ayudaran avanzar.

Quería una estrella no una carga.
Un aroma que me sacara
de una vida sobrecargada
como víctima más del suelo,
agotada…, muy agotada.

Mi cesto de estrellas estaba vacío.
Andaba dando tumbos.
Me recogían pozos sin perspectiva.
Me faltaba el “yo quiero”.
Y no sabía lo que quería.

Mis estrellas vegetaban.
Mal pagada vida
sin poder levantar la cabeza.
Hojas de viento en corrientes
me llevaban.

Escondidas en lo profundo
estrellas de agujeros negros
extorsionaban, reprochaban,
decepcionaban…
Películas representaban
de paralizante terror.
Energía desperdiciada.

Podría conseguir mi estrella
en la verdad de la infancia.
Pasado resguardado,
Tierra virgen que autorizaba
caminar en el tiempo robado
y la visión gafosa del futuro.

Bueno es saber,
por donde no se debe andar.
Senderos de estrellas,
Vía Láctea del interior.








SUSPIROS DE AMOR LÉSBICO 

¡Oh, no quiero ceñirme a las reglas del arte!
La caricia perdida, no tiene letras ni trovas.
Mis pensamientos son vagabundos,
mi imaginación errante…
¿Y mi alma? ¡Atemperando el corazón dolido!

Estoy regalándote palabras
que matan mi voluntad.
Te imagino en la distancia,
llena de suspiros de amor 
con tu guitarra. 

Y yo perdida en la soledad,
con un deseo de escapar
en loco vuelo hacia tus brazos.
Pedazo de sombra que deambula,
sin querer reconocer la verdad.

Pude amarte esta noche
con ese amor que no tiene límites.
Mas el destino mal trazado,
hizo viera tu dolor reflejado
en el horizonte de tus verdes ojos.

Si te besara de nuevo,
ya no podría marcharme.
Pues tan inmenso es este fuego
que ni las lágrimas pueden apagarlo.
Y dejo correr las caricias… ¡oh, dolor!

¿Recuerdas? Tu casa, mi casa…
Eran arrullos con perfumes e inciensos.
Tus besos, orgasmos hasta el infinito.
Y todo era muy quedo…
muy íntimo, muy escondido… Tuyo y mío.

Quisiera que brillara el rayo de la aurora
con un sonido purísimo cual corazón blando.
Temo no volver a ver las praderas de tu mirada,
saborear esos párpados que se entregan,
llenar nuestra vida de floridos senderos.

Mata de esmeralda que me detuvo el paso.
¿Por qué, severas espinas
de tiempo y dolor nos separan?
Música y acordes en tu canto…
Armonías, hoy, para sordos.

Tú con el fatigado aliento,
de crudo amor vencido y maltratado,
apruebas este sentir doliente
cuando en la espesura de los campos,
veíamos dormir el sol ardiente.

Abriste una ventana al rio,
de luto y silenciosa pasa el agua.
Los torbellinos me ahogan;
mi corazón corre tras tu marcha.
¿Hubo ya quien bebió de tu vaso?

Amores y placeres son mentira
para los que tienen el alma seca.
Pero mi alma rodó suplicante,
a los pies de tus arenas quietas,
como sacra agua que te baña.

Una mediana vida yo poseo,
un estilo común y moderado.
Que no note nadie que me vea,
que sin tu amor, me estoy muriendo.
Lloro, lloro… tras los corredizos cristales.

Que no hay amor más grande,
que no hay amor más puro,
que aquél que te entrego
en mi temblorosa pequeña mano
y descanse en tus abrazos.

Ya, amada mía, huyo y me retiro
de cuanto tanto amé; rompí los lazos.
Echadme piedras sobre la cara
que mi corazón se fue tras ella.
Sangre en el rostro mío, lágrimas y sofocos.





VIAJE A NINGUNA PARTE
(Poema relato)

Después de mi andadura
como cómica y ciudadana,
ofrezco una noche de mi vida
volviendo la mirada a esa pobre gente

que fuimos en su día.

Viaje a ninguna parte,
homenaje de la que fui heredera,
hito de las miserias de la postguerra.
Hay que recordar…
Hay que recordar…

Nos cerraban los garitos
y paraban en los caminos.
Rugidos en los estómagos
de los malos beneficios.
Hambre, y sequedad de boca.

Un día sentí unas manos
subir despacio por los tobillos.
Al igual que en los caminos yertos,
viajando a ninguna parte.
¡Oh, qué encogida respiración!

¡Así, rozaban con lentitud sus dedos
por el desfiladero de mis piernas.
Único momento del día
que gozosa me sentía.
La hambruna y el cansancio se iban.

Rezumado de los corazones
atendían más a las fuerzas
que a todas las razones.
Transpiraban así los cuerpos,
en nuestro haceres más sanos.

-¿Dónde estás, malandrina?-
Oía gritar al abuelo.
Tales voces daba
que despertaba a los de la fonda.
Pero yo no abría la puerta.

Con las campanas alborotando,
los párpados se levantaban.
Otra vez recoger trastos y aparejos.
La función se terminaba.
Viajar a ninguna parte.

Pero hoy estoy aquí escuchando
el murmullo del mar…,
murmullo que atrae otro de rio
por cuya ribera anduvimos matando sapos.
Luego, chapoteo de pies en las orillas.

Y llegaron tiempos de durezas.
Y el irse poco a poco.
Cipreses fuimos dejando por los senderos
y en sus copas pajarillos cantando.
Tan alto del suelo, veíamos nuestros reflejos.

Primero el abuelo,
el cáncer se llevó al padre.
No teníamos médico ni derechos.
Matilda se fue a recoger a la viña.
Y yo… a ninguna parte.

Y nadie había contemplando
nuestras vidas de hace años.
Cómicos apagados en su modestia,
unos muertos y olvidados;
otros, descansando sofocados.

Esperando ese golpe
que atraiga la fortuna.
Vuelo de la barriga por la cabeza.
Nada importante.
Nada importante.

Viaje a ningún sitio.
Reventando caminos con un palo,
murmullos metafóricos
que dan risa.
No pregunto por mi suerte.



FIEBRE DE AMOR

Tienes razón, su sonrisa es dulce
y vuela su ondulante capa.
El sol entre las densas brumas
filtra hilos azules cual relámpagos.
Fantasmas que me advierten
de zarzas y cuervos que acechan.

Siento fiebre de amor
cada vez que la veo
montada en su yegua de piel clara
a través del ancho campo,
del río, de la montaña…
Sin brida, sin correa ni gualdrapa.
Parece cervatilla tierna
y tiene ojos bellos.

Hombres la miran deseando
mil formas de tenerla.
Destrozan el amor al verla
seductora balancearse
agarrada a las crines.
El viento le acompaña,
fiel a sus deseos.

Yo vi, compañero,
pasar mi sueño.
Un cisne se deslizaba
sobre el lago de mi mente.
Ya despierto, abrí los ojos
y todo era blanco.
Se entreabrían mis labios
queriendo decir algo,
mas al final mi boca era cráter
con la presión de su cuerpo.

Imaginaciones y mentiras.
Justificación de lágrimas,
que recorren mis mejillas.
No me avergüenza decirlo.
Secretos naturales encadenados,
que libertad les doy,
aunque sea hombre.

También a nosotros
se nos clavan espinas
y lloramos como Lunas muertas.
Mares tristes apretados,
melancolías de ardores,
mueven nuestras
desconcertadas almas.

Tienes razón, amigo mío.
Es dulce su sonrisa.
Quizá un día vuelva su cara
y me cubra con su capa.






LA CARCELERA

Unos versos muy cansados,
con muchos pies arrastrando.
Los zapatos con agujeros.
Grandes rotos en sus ropas.
Llegó el poeta cantando
junto al cruceiro del rio,
como suele el ruiseñor piar
entre las hojas del olmo.

Muy galante con las mujeres
que bellas son como rosas,
trova sus mejores estrofas.
Mas aquella, la primorosa,
refulgente, misteriosa;
anhelada y deseada…
es guardiana de llaves,
de corazones ligeros.

Llaves que abren y cierran,
antes que amores se entreguen.
¡Ay! suspira el animado pecho,
a los atrevimientos mal regidos.
Mi puerta está cerrada,
carcelera soy de vuestras sombras.
Calcinado monte
donde se abrasan galanteos.

Prevenida: Paro, corto y cierro
aquél que osa acercarse.
Que no quiero más poetas
de corazones mordientes.
Vigilante soy de aquél
que fijó sus ojos
en esta cierva doliente
que mal herida dejaron las fechas.

--Ábreme las rejas, celadora.
Que poco a poco te doy mis poemas
como prendas con raíces
de tu amor que deja huellas.
Si por lo menos libertad me dieras,
letras de mi pasión verías.
Que no son cenizas mis obras
sino las verdades más justas--

¡Oh, tiempo, que se detuvo un día!
La tarde la imagino ya muerta.
Vivo en la ciudad desierta.
¡Amarga vida!
Justiciera en línea recta,
que no tengo curvas de olvido.
Marcho con las llaves a cuestas,
cerrando todos mis sentidos.




MI SOMBRA

Esta es mi danza del presente.
Esta mi sombra de verde doncella,
vino a ver mi mala mente,
a leer los versos de flores y róselas.

De mi, si pudiese, partiría el alma.
Vencer o morir de tal manera
cercando todo el jardín
de aburridas tristezas.

En lo alto del muro el jazmín,
abajo, el arroyo corriendo.
Avanzar quisiera 
perdiendo mi ser 
en la lejana aurora. 

En exiguas porciones,
me traiciono a cada instante. 
El agua clara, pura, impalpable
ni sabe, ni quiere formulario.
No sigue los patrones
de la desnudez de mi penumbra.

Pasión, sensualidad…
de esta danza sin traza.
Calor calienta el volteo
del cuerpo sediento,
signo de vida fluyendo,
renovando los instintos
y anhelos contenidos:
El dolor y el renacimiento.

Desde que acaricié
con la suave diestra al viento,
vi en la hierba 
pisadas de tiempo.
Alegre fui tras su rastro.
En medio del camino del laurel,
vi coronada mi sombra 
de verde doncella.







PALABRAS QUE ESCUECEN

Tú me quieres mar;
me quieres de espumas,
me quieres llevar.
Mi cuerpo se escapa.

¿Otra vez más?

Ni un rayo de Luna,
dejarme atrapar.
En noche oscura,
me quieres llevar.

Flor sin aire.
Flor en gruta.
Cede el sillón blando,
los ojos se secan.

Palabras que escuecen.
Quiero abrazarme.
Ahogar el alma.
Reclamo de sirenas.

¿Otra vez más?

Derrotada, sin sueños,
la vida truncada
por una palabra:
Cáncer.

Sufro y no sufro…
Sólo rompen las olas
allá en el acantilado,
bajo los árboles de mis versos.

Dios me sacará de esto.
Quizá sea mi momento.
Debo correr, correr escribiendo.
Silencio… ¿Dónde hay respuestas?

¿Otra vez más?

Entrecerrar los ojos.
Nubes blancas las batas.
Mis venas sangrando.
Sólo voces que no deseo.

Hijos míos,
¡cómo deciros este desconsuelo!
El mar me llama,
me ruge en la orilla.

¿Sabré cerrar los ojos
y dejar la marea me lleve?
No quiero ver dolor.
Quietos os quiero en la rama.

Miradme, que soy gaviota blanca.
Pensadme, que emigro a otra parte.
Mi vuelo rasante al agua,
mis alas os acarician.

¿Otra vez más?

Sólo Dios sabe por qué.
Sólo Dios hizo de mí, tallo frágil.
Me doblo ante Él,
aliento que me cobija.

Estuvisteis ahí antes.
Pellejo que camina hoy solo.
Tajo de vientos que lloran.
Tumba que sólo yo clavo.

No quiero más sufrimientos.
Dejadme llevar.
Mi música son versos.
Mi canto, el amor que os dejo.



RUTILANTE CAMINO

He dibujado una pregunta
en tu ingrávida sombra,
y sigues sin responder.
¿Por qué tal desprecio?

He aprendido
por amarga experiencia
la única lección
para conservar la ira,
transmutarla en energía
y así sentirme dueña
del poder.

He venido a gustarlo todo,
a poseerlo todo,
a ser todo,
saberlo todo.

Y descubro
que nada soy .

He dibujado otra pregunta
en mi liviana sombra;
en la pared,
en cada esquina desnuda.
y no quiere responder.

Rutilante camino
que creí bien escoger,
pero ni mi espectro contesta.
Alma que no se ver.

Me pierdo en los agujeros negros
como fundida mancha.
No formo parte de nada,
ni incluso para esconderme
en el hueco de mi pecho.

Estoy cansada y rota.






BUSCANDO EL PASADO

¿Sabes?
Tengo que subir de nuevo.
Se fueron las nubes
a otro lugar.

¿Cómo es eso?
No lo sé…

Todavía recuerdo
los cuentos de niño.
Eran algodones blancos
como velas de trapo hinchadas
paseando por un azulado cielo.

¿Qué raro?
¿Y eso existió?

Hace tiempo.

Aquí todo es amarillo.

Quizá, si lloramos juntos
vuelvan.


SONETO A UNA JAPONESA

Como fuego blanco en tu frente de albura
Japón puso en tus ojos simas de añil;
La luz más alba no tiene la blancura
del fino cuello terso como marfil.

Es tu rostro suave seda que fulgura;
ecos de auroras,  dulce canto de abril.
Y esbozos hago del pelo en su negrura.
Eres la flor de nácar,  aroma sutil.

Núbiles deseos en mirar de ocaso,
rojo de cereza en boca que rebaso,
estanque de silentes lotos de fe.

Giras la frágil sombrilla japonesa.
Quisiera ser sombra tenue que te besa,
y  tacita de porcelana de té.


CAMPOS DE GIRASOLES

Triste volví a mi tierra
en busca de campos de girasoles
Y largas barriadas hallaba,
agrisadas e iguales.

Vagué distraída y lenta por ellas
con una neblina que empapaba,
preguntando por algo que amaba.
¡No busques! ¡Que no hallas!

Que entre tus calles rectas sin soles,
no volverás a encontrar nunca
tus campos de girasoles.

Si muero vaciada por arados,
no poséis una lápida pesada
como el hormigón a mis prados.


EL ALIENTO DEL PENSAMIENTO

Si no hay un dedo de frente
no se sabe lo que es la vida,
que no es un charco
donde meter el pie

y asustarse de la salpicadura.

Grandes mares nos rodean,
olas gigantes que nos muestran
la maravilla de su grandeza,
más benévola y dulce
que el oblicuo pensamiento.

Y aquel pequeño dedo de frente
que se asusta de la belleza
que el cuerpo muestra,
le es más necesario curar su alma
que andar con punzadas en la cabeza.

Nunca fuera mal acogido
por los dioses de las artes,
sincronizar la desnudez
de cuerpo y alma
y menos, la pureza del poeta.

Palabras en letras de oro,
hay que saber interpretar,
que no son cazos sin mango
que hay mucho más allá.
¿Con qué ojo las leéis?

Recordar que lo externo pasa,
mientras que el interior
perdura en la eternidad.
Mirad con el sentido de vuestra frente,
no con córneas de animal.

¿Por qué cuestionar lo que la vida regaló?
¿A caso es error hablar
de goces, placeres y amor,
decir cosas soeces
al igual que estupideces?

Líricos modos
que forman parte
del rico verbo.

Poeta soy que canto,
aliento doy con mi voz
en el final de mi estrofa,
y a todos pregunto:
El hálito que os di,
es mío o pertenece al Creador?


ROMANCE DE DESPEDIDA

Bajo las aguas me encuentro
y nunca podré atracar.
El corazón silencioso…
¡Triste morir en el mar!
Ojos dulces en el cielo
al monte van a llorar.
Decidle nubes viajeras
que no me vuelva a esperar,
que fenecí con sus besos.
Secreto he de guardar.
Lejos partí de mi tierra.
Lejos, durezas sin par.
Huracanes me clavaron
como aguja en el bordar.
Y si al Moncayo subiera,
flores de Cierzo al Pilar.
Oraciones a la Virgen,
cirios largos del altar.
Segador nunca seré.
Hechos dispuso el azar.
Frutos dorados le dejo,
que no me vuelva a esperar.
Que no vaya junto al Ebro,
no me busque en el lugar,
que tampoco iré al parque,
ni a recogerla al pinar.
Pues muerto estoy bajo el agua
y nunca podré llegar.


A MEDIDA QUE AVANZAMOS


Será porque ya he pasado

 a las cuevas de la edad.


Será  porque ya viví

 suficientes horas buenas;

suficientes horas malas.

Será porque ya es momento

de las cosas en su sitio colocar.


Será porque aunque no tuve

un buen compañero,

si tuve benditos ángeles sabios,

que pasaron a mi lado

y me dieron aliento.


Será que comienzo a entender la vida.

Será que lo que creía,

nada me parece importante.

Salvo la salud y el sustento.


Paso de los halagos.

¡Qué cosa tan tonta!.

Creo ya soy consciente

de lo que hago bien o mal.

No necesito ni laureles,

ni reprimendas.


Nada de enjuiciamientos.

Ni de gente vacía  y seca,

que sólo dicen sosedades.

Rechazo el cinismo social

que sólo piensa en el bienestar.

¡Así hemos llegado a crear

este descarriado país!


Será que ya estoy cansada

de tanta hipocresía.

De los que te aplauden

 cuando te ven en lo alto

y  te abandonan

si te llenas de miserias.


Pena muestro por aquellos

que  con orejeras andan,

deseando tener de todo

lo que el consumo ofrece

sin ver hacia delante,

ni a los costados,

sin sentir, pensar, ser.


Y llegando a este momento,

no necesito gran cosa.

Tan sólo un buen compañero,

que conmigo haga este viaje.

Y si no lo hay,

habrá que conformarse.


Disfrutar de la compañía,

de los grandes amigos

que pasearon conmigo.


Carcajadas y cariños,

antes de irme a la cama.

El recuerdo de mis muertos.

Contemplar el fuego de la chimenea.

El mecer de los árboles tras las ventanas.

Observar el paso de las estaciones.


Llorar de vez en cuando,

sólo lo preciso.

De alegrías o de penas,

y no más de diez minutos.


Seguir escribiendo y sintiendo

cada letra como flores que regalo.

Y no convertirme en saco roto,

amargado en un rincón,

un tanto desaprovechado.


Será que siempre fui curiosa niña

descubriendo aventuras hasta el final.

Y cuando os diga adiós a todos,

quedéis contentos de haberme conocido,

y  del paseo tan genial que di

por esta santa Tierra.


Casi nada.

¿Me he pasado un poco?



AMIGAS

En este mundo y todos los mundos,

amigas como espejos

reflejándose sus rostros,

llorando o riendo

juntas.


Amigas

 a las que la Gran Madre

sana sus corazones.

A las que raíces profundas unen

alimentando su fortaleza.


Únicas.

Indispensables.

Nunca viejas.

Tesoro preciado.

De pensamiento único.


Amigas, hermanas.

Familia natural.

Obra maestra de la naturaleza.

No necesitan palabras.


Y son estos misterios de conexión

las fuerzas más potenciales

transformadoras del planeta.

Amigas hasta el infierno

y la blasfemia.


Poder de la Diosa

que se manifiesta en ellas.

Amigas.

Simbiosis inconsciente

de descanso, amor y paz.




AQUELLOS TIEMPOS

DE PRUDENTES REPRIMIDAS


Prudente y reprimida,

escondida dentro del armario

bebió media botella de vodka,

para acallar sus vergüenzas.


Se quedó sentada toda la mañana.

Se sentía desgraciada.

Llena de secretos y recuerdos

que abrían las puertas de los infiernos.


Dejó que las lágrimas corrieran,

marcaran su propio camino.

Después con sigiloso paso,

llenó la tina de agua.


Nervios  de tormenta.

Siente que los muertos

se le suben por las piernas

que vacilan, se crispan y tiemblan.


Se lavó el contraído rostro;

restregó sus partes con esparto

 y aclaró con el agua caliente

de la cocina de leña.



Supuraban los poros de la piel.

La respiración resollaba.

Ya no iría a trabajar.

Se haría pasar por loca.


Zumbaban las moscas

e iba matándolas con el matamoscas.

Todavía el sudor le corría

por los surcos de la cara.


Aplastó con certeros golpes

a varios de los molestos bichejos.

Ahí quedaron reventadas

por las lámparas, ventanas…

hasta por el barril de cerveza.


Jamás podría volver al trabajo.

Nadie de aquel tiempo entendería,

 como aquel gigante sentado

le había prendido el cuerpo.


Brazos cansados de guardar

la misma postura.

Reprimida pureza

maldecida por la iglesia.


Así la discreción

se volvía en espina clavada;

la mirada se hacía dura,

el pensamiento se escondía.


¿Reconocerían su verdad?

Lo malo como lo bueno se enreda.

Mejor callar.

Desertar de su fortaleza.


Aquel día, nadie en la casa,

tuvo comida caliente.




BAJO ESOS PIES


Haz de aquellos pies que te trajeron,

raíz fuerte que el camino muestre.

Romo mensaje que a tu mente llega,

y presa de temores ronda tu vida.


Mas esos ojos que te atrajeron,

pupilas grandes que suplicaban,

mostraron a esa neurona blanda,

infinitos horizontes

sin saberlo.


Mediana tu vida creíste.

Presas en tu boca,

palabras escondiste.

Pero te acunaban heridas grises

y no te dabas cuenta

que eras luz blanca.


Pilas de flores

en el camino trazas,

senderos que creas

bajo esos pies que andan.


Pétalos que terminan

formando columnas blancas;

seres de polvo fino

que vi donde el camino arranca.


Rosal blanco sin espinas,

abrazas al animal que te sigue.

Dulce corazón de grana,

que esconde inmaculada fuerza

en torreón que te viste.


Y si Dios oyera esta alabanza,

presta sus manos te acogieran

como nívea pluma que mece el viento,

gratitud que la vida te alcanza.


¿En qué pueril desierto te perdiste?

Sin hacer ruido,

como nube que pasa.

En palidez alba escondiste gritos.

Rincones de formas.

Recogido corazón dormido.


Frustraciones ante temores

que no existen,

que no son nada.

Vacíos llenos de ecos

que agitan al alma.


Florecita en tu jarrón metida,

el verso sabe de tu dulzura

que brilla más al reflejo de Luna

y en perfumado papel blanco.


Iluminada esencia,

bajo esos pies que te dirigen

y de tu voz salen poemas